30 de julio de 2006

- 2006

Fui a verla el último día del año. Estaba reunida en una fiesta, toda su familia estaba presente en aquella discoteca de las afueras. El club estaba compuesto por tres edificios, tres salas con su comedor, bar, sala de baile y terraza. Ella estaba asomada en una de las terrazas del balcón cuando dieron las campanadas.
No tomaba ninguna uva, pero tampoco tenía por qué. No viviría más que unos pocos minutos este año. Me habían ordenado asesinarla, y no iba a fallar. Necesitaba el dinero. Y de alguna extraña manera, mientras subía y bajaba por aquél laberinto de escaleras tratando de llegar hasta ella, pensé que de todos modos, disfrutaría.
La había visto pasear antes con su vestido negro, su larga falda partida. El collar de diamantes que adornaba su cuello no era tan deseable como su mismo cuello. Brazaletes y corona plateadas como la luna. Labios palpitantes desde el inicio de la noche, y unos ojos acechantes y libidinosos. Parecía un crimen matarla. Era un crimen, un crimen estúpido. Pero necesitaba, necesitaba el dinero.
Cuando se le cerrasen los ojos por última vez y se le apagase el aliento, cuando su precioso cuerpo inerte cayese sin vida al suelo y me mirase, y fuese yo lo último que aquella preciosidad viese, sabía que me sentiría recompensado, y que la grandeza de aquél momento compensaría los siglos y siglos de remordimientos que seguirían a aquél asesinato.
No me oye acercarme. El humo de sus cigarrillos la rodea, trata de protegerla. Amartillo el arma. Entonces se gira y ve la pistola.
- Bonita noche para morir, ¿no? –sonríe. Ella.
Miro a mi alrededor. No hay nadie, todos los flancos cubiertos. Está sola. Está muerta.
El disparo resuena en el silencio de la noche, y ella sigue en pie. Los cuervos vuelan excitados tras de mi. Disparo otra, y otra vez. Me miran sus ojos abiertos, y camina hacia mí. Y disparo y disparo y disparo. Tras la última bala que atraviesa su piel indemne, se produce un intenso y escalofriante silencio que hace que cada uno de los acicalados pelos de mi cuerpo se ponga de punta.
- Mátame.
La orden de aquella mujer me sacude como un tornado a una brizna de hierba y me veo impulsado a echar a correr, incapaz de pensar en cómo aquella mujer ha sido capaz de resistir un cargador entero y mantenerse en pie. Me arrojo por una de las barandillas. Conozco el lugar. Caigo sobre una serie de colchones que tenía preparados para mi huida.
Allí está el jefe, entre los árboles. Me hace señas para que me acerque.
- ¡Vuelve allí, villano! –me grita- Termina tu trabajo, ella aún no está muerta.
- ¡No puede morir!
- ¡Por supuesto que puede! ¡Todos pueden!
- ¡Resistió siete balas!
Se acerca a mí, saliendo a la luz, haciendo que reluzcan sus brillantes gafas de sol con una negrura que hace palidecer la profunda oscuridad de noche.
- Porque ya está muerta. La mataron una vez, pero no lo hicieron bien y te ha tocado a tí terminar el trabajo. Haz lo que te ordeno. Pronto podrás añadirle un par de ceros más al cheque que te espera en casa.
Camino hacia atrás, intentando comprender, pero la metralleta de su mano no me lo permite. Vuelvo a entrar en el local. No hay ningún portero.
Tras las campanadas que dan paso al nuevo año, ha comenzado ahora el baile. La sala está repleta. Suena la música estridente y morbosa. Las luces y las sombras hacen que hasta las estatuas parezcan bailar. En algún lugar de entre la gente debe encontrarse esa mujer, y yo no pienso quedarme a que aparezca.
Me dirijo a los baños, que ya están encharcados. Un idiota se encontró con una espera demasiado larga y comenzó a vomitar allí en medio. Hay una ventana al final. Aparto al tío que está meando y subo, tratando de salir por ella.
He vuelto al patio, pero esta vez estoy en una esquina diferente, donde espero que a Salcedo no se le ocurra mirar. Hace un frío intenso, y se oyen unas pisadas cada vez más cercanas. La sombra de la mujer se perfila por la esquina, y echo a correr hacia la valla.
- ¡No! ¡Espera!
Ella corre también, y son los tacones más rápidos que he visto. No tardan mucho en alcanzarme, y sus manos heladas se aferran a mi brazo.
- ¡Máteme, por favor! ¡Se lo suplico!
Lucho con ella, la araño y doy puñetazos, pero mis manos y todo mi cuerpo la atraviesa cuando quiere tocarla. Y a cada golpe que doy ella hace más presión, cortándome la circulación del brazo, llorando y suplicando que le dé muerte.
- ¡No puedo!
Por fin me suelta, y me precipito a la salida. Corro con toda la fuerza de mis pies y mis pulmones, y entonces se escuchan más disparos.
La explosión de cada bala ilumina la cara del jefe, impactando en mi cuerpo con un gran dolor. Y cuando desde el suelo alcanzo a mirar dónde estoy, descubro que paenas me había movido al huir despavorido.
Siento los agujeros en mi espalda, el aire entrando por donde no debería entrar. La costilla está rota, también una pierna. Me rodea un charco de sangre. Me esfuerzo entonces por girarme, y entonces veo junto a mí al jefe.
- Eres idiota. –me dice- Sólo un poco de esfuerzo y dedicación, un poco de pasión por la causa, y habrías acabado con ella, y todos nuestros problemas habrían acabado. Habrías podido librar a mi esposa de la maldición de este lugar, hacerla libre. Pero no quisiste que muriera. Te tentó su belleza, al igual que a mí.
Mi boca escupe sangre. Al igual que mis piernas y mi vientre.
- ¿Porqué? –pregunto.
La chica se acerca a él.
- Por celos. –responde- No iba a dejarte vivo sabiendo lo que sientes por mi mujer.
La oscuridad me envuelve, todo desaparece, oigo su voz que se acerca.
- Nos veremos, amigo, el año que viene. En este lugar en el que nada muere.

4 comentarios:

  1. Arcanión12:08 AM

    Un relato bueno en tetricidad. Gana mucho la decoración del escenario; abundante pero carente de excesos mediante esa utilización abrasiva de sustantivos y adjetivos; perfecto para dar rienda sueta a la imaginación en un escenario de muerte y vil pobredumbre. Destaco el principio, ya que me recuerda el comienzo de Sincity. Confuso y profundo. Interesantes los diálogos y la conclusión difuminante y seca. Muy bien

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  2. Gracias por el comentario, arcanion.

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  3. Cherzay8:26 AM

    Holaa!! Muy bueno el relato, has conseguido que me quede un ratejo por tu página a ver que mas cosas interesantes me encuentro :P
    Por cierto no entiendo muy bien el final... le mata por celos??? pero si lo que tiene el tio es mas miedo que verguenza de la mujer no???

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  4. El jefe ama a su mujer, y cada año busca al mercenario perfecto que sea capaz de darle la paz de la muerte.

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