- La Venganza del Espejo
No hago más que mirarte, estúpido gilipollas, ¿¡QUÉ TIENES TÚ QUE LOS DEMÁS NO VEN!? Eres sólo una horrenda silueta dibujada en un cristal, nada más que una marioneta de mis actos, un pelele esclavo de mis movimientos y palabras.
Te contoneas como si tú mismo fueses real, y no sólo un reflejo en mi ventana, como si fuese mi vida tuya, en vez de al revés, sin darte cuenta de que realmente eres mudo, y que de tus labios sólo sale el sordo eco de mi voz. ¡Solo mírate! Tienes la boca corrida por marcas de la grasa de mis manos, y la luz de una bombilla hace desaparecer por completo tu cintura.
Flotas en el vacío, mientras mis pies siguen en el suelo, las nubes de tu espalda se unen a tu escultura, ¿pero en qué pensarás flotando en el cielo? Mis pies siempre en tierra bien pegados, alejan los recuerdos dolorosos y siguen adelante, pero tú debes de ser diferente, no tienes suelo en el que asirte; tu retrato cuelga en lo alto, dudo que sepas de qué color son las losas; yo las miro, ¡míralas! Sin voluntad lo haces, ¿me dirás lo que has visto? Seguro que cualquier cosa o nada, pero no losas. Será difícil arrancarte la verdad, no puedes hablar más de lo que yo digo, y lo que yo no sé no lo puedo decir.
Guardas tus secretos, mi reflejo, no imagino lo que debes de estar sufriendo. Cuando murió mi padre callé, y estuve meses deprimido, no fui capaz ni de salir a la calle, ni de ir al instituto; me quedaba todos los días llorando en un rincón. Al final guardé los sentimientos dentro, muy profundo, y pude seguir adelante; aprendí a aguantar, y a quejarme si lo necesitaba, pero tú no puedes hablar.
No quiero ni pensarlo, ¡lo que sentirán tus huesos (si huesos son en el reflejo de la carne) al guardar siempre en silencio todos mis males!¡Dios!¡Ahora comprendo!¡Lo entiendo todo, por lo que tanto he aguantado así! Siempre supe que mis problemas y mis males se guardaban en alguna parte, en algún escondrijo. Siempre tuve una ilusión, una imagen de un baúl, donde toda la amargura y desesperación se encerraba bajo llave sin que yo dijese nada. Pero ahora sé que no es un baúl, ahora lo veo, ¡el fondo de tus ojos!¡No tiene fondo, no hay final, todo cabe en ellos!¡Y aún así está ya repleto!
Entiendo mi mirada, ahora puedo compadecerme de lo que sufro. Tú guardas todo lo que yo no he querido, la cara oscura de mi alma, y así la muestras. Por eso siempre me he visto feo. Ahora es distinto, esa nariz aquilina, ese ceño fruncido, esas arrugas en la frente, es todo mío, pero no lo llevo. Soy libre.
Pero feliz, ¡cómo puedo ser feliz! Hasta ahora lo era, mi única preocupación era el mal aspecto que tenía. Ahora tengo buen aspecto, puedo creerme guapo, pero es repugnante la fealdad que llevo dentro. Te miro y recuerdo todas las cicatrices, todas las desgracias que me han ocurrido. He ignorado todas, pero por dentro se han sufrido, y ahora es irreparable. Todo el mal que he dado y recibido es demasiado para contarlo.
Tu rostro lo dice todo, tus callados labios intentan susurrarme algo, ¿qué es?¡Ah! Entiendo. Debo decirlo yo. Se trata de Marta, ¿verdad? Ninguna otra podía ser. Nadie que aguantase tres años podía irse y yo quedarme con el corazón tan quedo, tan impasible, tan neutral. Debe ser ya cenizas el tuyo, tienes cara de vacío. Hablas como soltando un discurso, repitiendo seco mis palabras quitando el entusiasmo que le intento dar.
Ésa debe ser la verdad, mi vida debe estar realmente seca. ¡Qué idiota debo parecer sin deprimirme! Me deben considerar un ignorante que no se ha dado cuenta nunca de las cosas que pierde, aunque debe ser peor: deben considerar que no he valorado nunca nada de lo que he tenido. Me desprecian, me doy cuenta, sus caras son como la tuya, reflejos de lo que sus almas querrían mostrar, el reflejo de lo que quieren sentir, pero no sienten.
Todo es falsedad, y me lo dice un espejo, ¡querría romperte!. Insolente artimaña de la naturaleza, escondes la esencia de todo lo que existe para mostrarnos el revés cuando te conviene. Y mientras tanto tus peluches tras la frígida frontera de azogue se ríen de nosotros con nuestra voz.
Quizás me haya librado durante todo este tiempo de conocer el sufrimiento, pero perdí la ocasión de disfrutar demasiadas cosas. ¿Qué veo?¿Por qué decaes? Dios, que lo veo venir, aún tu jugada no terminó, seguirás sufriendo, negándome la totalidad de la vida. Robándome la parte que por derecho me pertenece, enclaustrándome en la monotonía y el sinsentir diario.
¡Pues me niego! Romper este espejo no te haría daño, pues aparecerás en otro, y en otro, pero sé la manera de dañarte, de obligarte a salir y que te unas a mí. ¡Me mataré!¡Sí!¿Lo ves? Sabes que estoy decidido, y tú tan decidido como yo. ¿Sientes el filo rozar la vena? Igual que yo, la diferencia es que a mí no me importa.
No me mires con esa cara de pena, tienes una solución. Sal del espejo y ambos viviremos como uno. Creo que después de todo es mejor para los dos, ¿no? Tú tragedia no es muy agradable de vivir. Sal del espejo, anda (¿notas como se deslizan? El hierro y la sangre), seremos felices de verdad, o tristes de verdad, pero acabaremos con la infamia. Tendremos lo que nos merezcamos. Sal, por favor. Déjame ir por una venda.
¿Qué ocurre?¿Porqué no puedo moverme?¿Estoy llorando? Dios, Dios, Dios. Suelta ese cuchillo, suelta ese cuchillo. No puedo salir. ¿Agachar la cabeza?
Dios, no. Dios, no. No hay suelo. Estoy sangrando.
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