- En el Autobús
En el autobús, antes de salir, una chica te besa de repente en los labios. No sabes quién es, pero no te importa, y luego se va traspasando el umbral de la puerta antes de que ésta se cierre. Sobre su asiento había dejado una nota que así decía:
“Me gustas, y me has devuelto las ganas de vivir sólo con dejarte ver. Quería que lo supieses porque lo más probable es que nunca te vuelva a ver. Pero si alguna vez ocurre, también te demostraré lo que te he llegado a querer en el silencio de este viaje.
“No me conoces, ni yo a ti, pero tienes que saber que me has ayudado mucho y que te lo voy a demostrar en cuanto salga por la puerta. Cuando entré en esta jaula camino de mi casa dispuesta a suicidarme, te vi, y toda mi desgracia se fue. Tu cara, tu rostro, tu sonrisa tímida entre dientes mirando hacia ninguna parte me han recordado la ilusión de vivir.
Sé que no lo has hecho queriendo, pero no me importa, sé que si hubieses tenido oportunidad me habrías ayudado igual. Así, de esta forma, estoy servida. Imagino que yo también te gusto a ti, imagino que si algún día nos encontramos todo serán rosas, y nuestras vidas serán felices juntos.
Sé que no es verdad, que puede que yo a ti no te guste, que podrá ser que seamos incompatibles o incluso que nunca más nos encontremos. Pero tú me has hecho ver que puedo callar esa voz de mi cabeza, que puedo hacer volar mi fantasía y disfrutar soñando, simplemente soñando, contigo.”
- En el Parque
En el parque, al atardecer, las pardas hojas de los árboles parecen tomar el color del cielo, y en un tenue parpadeo, una ráfaga de viento las hace caer y ordenarse en el suelo, escribiendo tu nombre, y dejando tras de él un rastro muerto hasta el banco, único refugio de verde tintado en la sobriedad del tibio otoño.
Sobre este asiento, como estampado aparece el rostro de un ser humano, una cálida mirada sombreada por cristales de negra agua de lluvia. Con cartones bajo él, adivinas la tumba de un mendigo al que el olvido de sus amigos hizo condenar al hambre y a la suerte de los crudos glaciares del cercano invierno.
Y sobre esa imagen, de un cadáver tumbado, se forma en tus ojos el recuerdo de un encuentro pasado.
- No me abandones. –dijo ella.
Con seguridad en sus palabras, incluso ella hubiese sentido por dentro que aquél momento llegaría, en que ambos despedirían por última vez lo que soñaron que por siempre duraría. Y también sabían ambos por dentro, que como se rompe el amor se rompe la vida de un hombre, que también acaba, como acaba todo, y siempre lo hará hasta el acabar del tiempo.
- En la Discoteca
En la discoteca, de madrugada, lo que han parecido ser un millón de copas te apremian a entrar al baño, y durante la descarga, fugaces telegramas llaman tu atención en la pared, junto a manchas de carmín y semen, junto a la fragancia de un vómito reciente.
“Tardé una vida en buscarte, y cuando te encontré, estabas aquí con otro hombre.”
“El alcohol me demostrará si esta noche fue realmente inolvidable.”
“Duramos poco tiempo, tardamos poco en terminar, pero menos tardaré en olvidarte.”
Se respiran en el lugar los fragmentos de sufrimiento de aquellos, que temiendo a la noche, temiendo a la soledad, se encerraron en este cuarto buscando esperanzas en el abismo del amor, que sólo fue un sueño, un sueño que despertó, pero que sin saberlo ellos, quizá durante unos segundos, fue capaz de ofrecerles la magia del mundo, la magia de la felicidad, y de apreciarla, dudo que supieran entender el valor de ese vacío que les llega después, y les invade por cada uno de los poros de su piel, en el momento que dejan de comprender, que fue magia, sólo magia, en un rincón de sus vidas cotidianas.
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