No recuerdo mucho sobre mi vida. Soy una persona dada a vivir en el aquí y en el ahora, y la mayoría de mis memorias las pierdo por inútiles. A veces me cuesta descubrir por qué he tomado las decisiones que he tomado, pero sé que si entonces las tomé, fue por algo.
Por ejemplo, me cuesta saber por qué les metí fuego a todos mis viejos diarios, abracé el satanismo durante una corta temporada, o aplasté con una roca una camada de gatitos recién nacidos, desparramando sus tripas por la sedienta y árida tierra, pero supongo que mis razones tendría cuando lo hice. Fuese por lo que fuese, en aquél momento tuvo que parecerme lo mejor que podía hacer, ya que si no, no lo habría hecho.
Por eso, muy pocas de las decisiones que he tomado tienen su base en mi infancia. Una de las que sí tienen algo que ver, es sobre lo que quería ser de mayor. Más que nada, porque es en esa época donde no hacen más que preguntártelo tus padres, tus abuelos, tus vecinos, y cualquier adulto que te vea por la calle. Irremediablemente, te acabas haciendo una pregunta que no deberías responder hasta pasados diez años.
Cuando llegó mi sexto cumpleaños, me regalaron una videoconsola: la Super Nintendo. Yo quería la NES, pero con menos de dieciocho nadie te hace caso, gracias a tu dios. Como cuando pedí un ordenador y me trajeron una pequeña caja metálica que jamás descubrí cómo funcionaba. Hoy sé que recibe el nombre de disquetera.
Una pelea con mis amigos del colegio fue el desencadenante perfecto. Me cabreé y me recluí en mi habitación durante un tiempo, por evitarles, y así me entretuve con Super Mario Bros, Zelda, Secret of Evermore, Terranigma, Final Fantasy, y cosas por el estilo. Literalmente, pensé lo siguiente:
“Me di cuenta de que aquellos juegos me alejaban de la realidad, que mientras me concentraba en sus personajes, no pensaba en otra cosa. Y me animaba, aunque no lo suficiente. Pensé que todo aquello que aleja el alma de este desgraciado mundo de mentiras y traiciones debe sobrevivir. Y decidí hacer mi carrera universitaria dedicada a la creación de estos juegos que alivian a los condenados.”
Por supuesto, estaban los libros, pero en aquella época sólo leía libros de terror para niños, como “El resplandor” de Stephen King. No había llegado a mis manos ningún clásico decente, así que consideré los videojuegos como el mejor método para evadirse de los problemas, algo por lo que merecía la pena luchar. Decía:
- ¡Quiero ser programador de videojuegos! –cuando lo que en realidad quería era contar historias.
Con ocho años escribí mi primer relato. Llevaba cerca de cien páginas cuando se estropeó el ordenador. Intenté recuperar algunos de los bocetos que había prestado a mis amigos, pero por fortuna todos habían preferido quemarlo y ver cómo ardía antes de ver lo que ponía. Ya no escribí más hasta los quince años. Total, nadie lo habría leído. Me resigné simplemente a devorar todo libro que cayese en mis manos.
A los quince me encontré en clase con un intento de poeta, todo arrogancia y presunción, que me pedía que le transcribiese sus escritos. Después de haber visto unos cuantos, hablé seriamente con él. Tras varios insultos y empujones:
- ¡Tus poemas son una mierda!
- ¡A ver si tú serías capaz de hacerlo mejor!
Aquella tarde escribí otro relato, “Paradysso”, una autobiografía inventada centrada en la búsqueda de un amor imposible. Gané el primer premio de literatura del instituto, desprestigiando así al intento de poeta, que dejó de ser intento de poeta pero no de ser prepotente y odioso.
A partir de ahí, empecé a escribir sin parar. De momento llevo tres libros: “Engendros”, un conjunto de relatos y poemas sobre locura y muerte; “Forjando Reinos”, novela fantástica, y “100 páginas en blanco”, una recopilación de microrrelatos. Aún no han sido publicados. Ahora trabajo simultáneamente en una novela y otro conjunto de relatos.
Las matemáticas y la física no habían sido mi fuerte durante el bachillerato, pero yo siempre había querido ser programador de videojuegos. Además, se ganaba bastante, y también podía seguir escribiendo en mis ratos libres, como Bandini o Asimov. Me metí en Ingeniería Superior en Informática en la Universidad de Murcia. Tras dos años y cero aprobados, me di cuenta de que eso no era lo mío, y es que a pesar de todo lo que me habían dicho, la carrera que debes elegir no es la que más te gusta, sino la que mejor se te da.
Con veinte años, rectifico mi carrera e ingreso en la Licenciatura de Periodismo de la UCAM (Universidad Católica San Antonio de Murcia), esperando que no sea verdad aquello de que los periodistas se mueren de hambre.
Solo decirte que paseaba por el infumable blog de Ez.. o como se llame. El título me llamó la atención y me arrepentí inmediatamente de haber entrado.
ResponderSuprimirPero me gustó tu comentario. Entonces, permitemé que entre en tu casa para seguir leyendo.
Un saludo,
MM
Lápices para la paz.
Pues muchas gracias por dejarte caer por esta humilde morada, mujer. Ya ves que aquí no hay muchos comentarios ni debates como en el otro y que subo relatos cada semana (si los tengo y/o los puedo mostrar) o incluso más tarde.
ResponderSuprimirPero la compañía viene bien, ya sabes ;)
Si te gusta, recomiéndame a tus amigos y familiares, etc, etc. Propaganda. Nos vemos ;)
Hola, te informamos que TU BLOG HA SIDO ACEPTADO en Blogueratura
ResponderSuprimirAl actualizar, recuerda siempre introducir la url comenzando con http://
Cualquier problema con tu cuenta escribe a esta dirección.
No olvides poner un botón de blogueratura en tu blog para que tus lectores conozcan el proyecto.
Puedes también copiar la lista de los últimos actualizados dentro de tu blog.
Blogueratura cuenta con una sección llamada "el artículo quincenal" donde todos los miembros del proyecto pueden escribir, sólo manda a esta dirección un artículo –que no sea cuento ni poema- de no más de 2 cuartillas, junto con una imagen para ilustrarlo. Podrás participar las veces que quieras. Los textos se enlistan y se van publicando conforme van llegando.
También hay una sección que es el blog quincenal donde reseñas un blog que creas que es bueno. Esa reseña sí será revisada por los coordinadores del proyecto y será o no publicada de acuerdo a sus criterios.
Gracias por seguir publicando la palabra