-Te quiero. -No, tú no me quieres. -Sí que te quiero. -Sí, igual que quiere el lobo al cordero, pero la tentación es dulce, el pecado muy goloso y tu eres el diablo. -Te sigo queriendo. -Perdóname, no te quiero. -Lo se, yo creo que ya tampoco, y por eso mismo esto no tiene nada de malo. -Entonces, ahora... ¿tan sólo somos cosas? -Es posible, da igual.
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