Ismael es un nihilista, un vividor unidimensional sin inquietudes ni aspiraciones obsesionado con el sexo. Tiene veinte años y está en paro, después de haber trabajado durante dos años y medio en una confitería. Esta noche, al igual que muchas otras, ha decidido pasarla en la calle con sus amigos, bebiendo y riendo.
Está sentado en un banco, con pose relajada. Las piernas separadas y un brazo en el respaldo sujetando su cigarrillo en una sonrisa chulesca. A su alrededor hay varias litronas de cerveza vacías, una botella de ron, dos litros de Coca Cola, y una bolsa de cubitos que se derrite por momentos. No falta el cubata en su otra mano.
Viste de forma sencilla -vaqueros azules y camiseta negra-, junto con unos zapatos que le permitirán entrar a los locales: “Suelo salir por La boca del lobo, Revólver, Badulake, Sala B, Doce y medio… visito casi todos los locales de Murcia a menudo. Eso sí, nunca entraría en los Atalayas, tipo Novo y demás. He estado, pero muy poco”.
Su piel es clara, y su nariz insolente y puntiaguda, acostumbrada a señalar. Tiene ojos grandes, labios gruesos, y una larga melena rubia que no parece muy cuidada. “Me gusta la música heavy metal, y me va todo ese rollo, pero no me considero heavy”.
La mujer más madura llegaba a los 42 años, la edad de su madre“Cuando me apetece pasar un buen rato con mis amigos salgo al Revólver o a La boca del lobo. Si quiero follarme a alguna mujer, donde follo seguro es en Badulake, Doce y medio, o Sala B. Es donde más oportunidades me salen, allí la gente va a follar”. Le gusta la ‘caza’, y dice haber perdido la cuenta de las mujeres con las que se ha acostado: “Aunque menos de cien”, añade.
Sus ‘víctimas’ le superan en edad: “Suelen estar entre los 27 y los 42 años”. “Yo no suelo hablar de mis conquistas porque no me gusta echarme flores”, dice Ismael, mientras habla del tema con naturalidad.
Su primer amor tenía 16 años, mientras él iba por los diecisiete: “Me enrollé con ella en un concierto. Me enamoré perdidamente”. Pero no funcionó, porque él era “muy pesado”. Consideró que ella era “muy inmadura” y que “a partir de entonces buscaría mujeres más maduras”. Además, “tienen más experiencia, lo hacen mejor”.
La mujer más madura llegaba a los 42 años, justo la edad que tenía su madre en ese momento. “Estaba bien, tenía buen cuerpo. La diferencia de edad no me importaba para una noche”. Sus amigos bromean diciendo que su madre también está buena: “Si alguno de mis amigos acabase con ella me molestaría”.
Su técnica para el cortejo es bastante ritual. Las escoge siempre a simple vista: “Lo primero en lo que me fijo es en el físico”, aunque trata de adivinar también si son simpáticas. “Si son unas gilipollas perdidas las mando a la mierda inmediatamente”. Busca estas cualidades siempre “para las de una noche”: “Cuando busco algo más ya me importan más cosas”.
Mantiene que “lo importante no es sólo el aspecto físico, sino cómo les entres”. Trata de que no se den cuenta de sus intenciones: “Te inventas alguna historia o algo”. No les habla de sí mismo, si no le preguntan: “No saben que me he acostado con muchas mujeres antes que ellas”, incluso “no les digo mi nombre hasta última hora”. Actúa como si sólo buscase amistad, aunque “raras veces surge, normalmente las chicas no quieren ir más allá. Los dos sabemos que es para una sola noche”.
La gran mayoría aceptan, y se acuestan con él la misma noche de conocerle: “No suelen poner muchos reparos a la hora de irse conmigo. Les como todo lo de abajo. Tienen las mismas ganas que yo”. “Los seres humanos necesitamos echar un polvo de vez en cuando. He estado temporadas con una distinta cada fin de semana. Antes que irse de prostitutas, mejor una mujer normal de la calle, ¿no?”.
Cree ser el culpable de no conseguir una relación estableIsmael tiene una visión abnegada del amor: “Es dar la vida por otra persona”. Siempre ha querido mantener una relación estable, “y ese cariño que con una sola noche no se consigue”. Siempre que lo ha intentado “ha salido algo mal y no ha funcionado”: “Creo que es por mí. Una vez, una me dijo de quedar otro día, pero yo me fui a Francia, y ella lo interpretó como que iba a pasar de ella. Habríamos sido ‘follamigos’, si hubiese salido adelante”.
Su último amor acabó por el estilo: “Yo sé que le gustaba, pero no sé qué paranoia le entró. Estaba tomando hormonas para donar óvulos, y dijo que sólo me quería como amigo. Yo no creo que me quisiese sólo como amigo, así que le mandé tres mensajes un poco duros, pero sin faltarle al respeto, y se los tomó a mal”. Ya no se ven.
Nunca ha pillado enfermedades venéreas: “Siempre uso el preservativo”. Sólo recuerda haber dejado de usarlo una vez. “Fuimos a un hostal. Yo quería comprar un condón, pero eran las seis de la mañana y estábamos borrachos y cachondos”. “Me corrí dentro”, pronuncia como si fuese un pecado.
Aparte, también es aficionado a la lectura y al cine, y se dirige siempre a la ficción. Destaca como favorito a Stephen King, “aunque hay otros más, como James Stewart”, actor al que no sabemos con quién confunde. “Tolkien y Julio Verne también son buenos”. En el cine le gustan “todos los géneros, excepto el musical”.
Se considera completamente ateo, y cuerdo “en un 80%”. Al acabar la entrevista, insiste en que representemos “Entrevista con el vampiro”:
- Me llamo Louis, y soy un vampiro.
Pero no recuerda más.
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