23 de enero de 2008

La Muerte de Heath Ledger

Heath Ledger, conocido por películas como “Brokeback Mountain” o por su aparición en la nueva entrega de “Batman, fue encontrado ayer muerto en su apartamento, en el Soho de Nueva York. Tenía 28 años. Estaba desnudo sobre su cama, rodeado de pastillas. Sobredosis accidental, dicen por ahí.

“No soy bueno planificando el futuro”, declaró Ledger en su momento. “No planifico nada. No sé qué haré mañana. Vivo completamente el día de hoy, no en el pasado ni en el futuro”, señaló.

- Mira que eres bestia –me dijo un amigo-. Mira que haber matado al nuevo Joker...
- ¿Yo? ¡Pero si yo no he hecho nada!
- ¡Claro que lo hiciste! Un movimiento brusco con la mano, o un saltito que dieses de pequeño. Cualquier cosa pudo haber empezado la reacción en cadena, incluso el no haberle conocido nunca en persona. La suave brisa que recorrió su cara al tomar su primera pastilla, el divorcio con Michelle Williams, las peleas con Jack Nicholson... Cualquiera puede ser el responsable, pero yo creo que eres tú.
- Entonces me estás haciendo responsable no sólo de su muerte, sino de toda su vida.
- ¡Sí! –respondió riendo.
Acepté la responsabilidad.

Siempre que muere alguien, aunque sea un desconocido en la otra parte del mundo, me siento en parte responsable. Me recuerda al poema “¿Por quién doblan las campanas?”, de John Donne, del que Hemingway sacaría título para una novela.

Ningún hombre es en sí
equiparable a una isla;
todo hombre es un pedazo del continente,
una parte de tierra firme;
si el mar se llevara lejos un terrón,
Europa lo perdería
como si fuera un promontorio.
Como si se llevara una casa solariega,
de tus amigos o la tuya propia.
La muerte de cualquier hombre me disminuye,
porque yo soy una parte de la humanidad.
Por eso no preguntes nunca
por quién doblan las campanas:
doblan por ti.

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