Finalista del I Certamen de Microrrelatos "La Hoja Negra"
Un eructo despertó a la joven Reya de su profundo sueño, y al abrir los ojos y ver en su cuarto a un señor gordo disfrazado de payaso comenzó a gritar desesperadamente, se calló de la cama, se apoyó asqueada contra la pared. El autor de la hermosa flatulencia, entre tanto, la miraba descojonándose con atropelladas carcajadas de autista mientras sostenía un litro de cerveza a medias.
Reya se cansó de gritar y, medio afónica, preguntó con un lánguido suspiro:
-¿Quién eres?
-Soy tu conciencia.- Respondió el mórbido arlequín. –He venido a presentarte al amor de tu vida ¿Te vienes o qué? pero te tienes que tapar los ojos con esto. –Dijo él con una sonrisa y sosteniendo una cinta.
–Ahora tienes que seguirme…- Anduvieron durante más de una hora hablando del tiempo hasta que al fin, tras subir una larguísima escalera, le dijo su secuestrador que podía quitarse la cinta. Ella obedeció sin objetar palabra y vislumbro frente a sí la puerta de un terrado.
-¿Qué se supone que debo hacer? ¿Me vas a violar?
-¡NO!- Gritó el payaso y le dio una bofetada que le rompió el labio y casi la tira al suelo. -¡Ahí está el amor de tu vida! ¡Cruza esa puerta!
Reya abrió la puerta y se sorprendió al encontrar el suelo de la azotea lleno de velas; llamas que bailaban al compás del viento rodeando a un muchacho ataviado con un traje de etiqueta y una máscara veneciana ocultándole la cara.
-¿Tú eres el amor de mi vida?- Preguntó ella impresionada.
-Sí. Abrázame.- Respondió el muchacho con una voz masculina, pero cuando Reya se acercó, le cogió por un brazo y la lanzó por el balcón. Luego entró la conciencia, que miró hacia abajo y se fumó un cigarro con el amor.
FIN
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