Desde 1899 a 1936, durante 37 años, el periodista austríaco Karl Kraus se dedicó a escribir sobre periódicos en el diario Die Fackel (La Antorcha). En estas páginas diseccionaba y analizaba la información que ofrecían otros medios. Siguiendo este precedente empezó Arcadi Espada a publicar sus “Diarios” en 2004. Lo primero que encontramos es una cita de Karl Kraus: “¡Fucking, fackel!”. Algo así como “Jodida antorcha”.
Espada ha trabajado ya en diversos medios escritos de publicación diaria: Mundo Diario, El Noticiero Universal, La Vanguardia, Diari de Barcelona, El País y, actualmente, El Mundo. También es profesor de Lengua Española en la Facultad de Periodismo de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.
La principal diferencia entre estos “Diarios” y los de otros autores es que su principal soporte y medio de comunicación es una bitácora, o mejor dicho, un blog. En ella, Espada expone diariamente su análisis de los periódicos del día, sus conclusiones sobre temas de actualidad y la crítica de titulares. Exige, igual que cualquier otro medio tradicional, que estas muestras de pensamiento crítico se emitan con rapidez, pero acompañadas al mismo tiempo de una reflexión sosegada y tranquila que permita un resultado lúcido y coherente.
Oscar Wilde dijo que la diferencia entre literatura y periodismo es que el periodismo es ilegible y la literatura no es leída. Con Espada y el “meta-periodismo” de sus diarios nos encontramos a medio camino entre una y otra.
Si lo consideramos como lo que se entiende hoy en día como literatura, nos ayuda verlo en formato libro, pero también influyen las numerosas y rebuscadas metáforas, largos e interminables párrafos en los que se habla de sus gustos y otro tipo de inevitables entradas y recursos inútiles que parecen ya inherentes al género del diario. Su principal pincelada de ficción se encuentra en los comentarios, en la forma en que los comentarios de sus lectores son incluídos en el libro. Abriendo al azar encontramos una lectora anónima, a la que describe como “mujer-pez, rutilantemente vestida con escamas rojas” y a la que no ha visto nunca. Lo explica: “Tiene que ver con el trabajo que la imaginación realiza siempre sobre aquello que no conoce (...) Tantas noches, tan propicias a las alucinaciones”.
Por otra parte tenemos el periodismo, tanto en primer como en segundo plano, como hilo central y conductor de los días. Las noticias, los reportajes, las crónicas y la crítica, tanto el buen como el mal hacer. Los atentados de la estación de Atocha en Madrid comienzan, a partir del once de marzo, una nueva línea argumental, en la que se duplica la información y, por tanto, la mentira. La confusión anterior y posterior a las elecciones, la búsqueda de los responsables y el tratamiento que se hizo en los medios de todo aquello.
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