Te podría aburrir con las interminables reflexiones que mi cabeza barrunta durante el tiempo que estoy aquí. Sobre el sentido del universo y eso. Pero seamos realistas: te importa una mierda. A nadie le importa una mierda lo que opine el empleado gordo de una gasolinera perdida en este puto desierto.
Mis fantasías sexuales son más entretenidas. Yo pienso lo mismo. La chica del reparto está bien buena. Me encanta su sonrisa y ese culito que se le mueve cuando se va. Las tetas parecen un poco caídas, pero aún así me gustaría meterla algún día en la gasolinera después de cerrar y darle un paseo en carretilla. Toma, toma, toma por detrás. Correrme encima de su espalda plateada mirando su culo rojo.
El jodido viento me está despeinando. Debería cortarme el pelo. No para de metérseme en la boca y sabe a paja. Qué más da a lo que sepa. Es mi pelo.
- ¿Hola?
Mierda, un cliente. No suele haber mucha gente por este sitio y los cabrones siempre me pillan fumando. Dejo el cigarro debajo de la silla. Con un poco de suerte aún quedará una calada cuando termine.
- ¿Hola?
Es la repartidora.
- ¡Ahí estás!
- ¿Qué coño pasa, moza? ¿Cómo tú por aquí?
Me tiende unos papeles con la mano. No me deja ni darle dos besos.
- Se nos habían olvidado las latas de gasolina. A ver si te centras un poco en lo que haces. Si no me llego a dar cuenta os quedáis sin ellas.
Tenía razón. Le había apuntado en el informe como si las hubiese recibido. Ya hace tiempo que ni me fijo en lo que firmo. Le digo que se coja una de las cervezas de abajo. Le miro el culo mientras marco como si hubiese llegado todo y ni me fijo en la mercancía.
- Oye guapa, ¿por qué no te metes un ratito conmigo? Estoy a punto de cerrar.
- Cállate y lleva las latas.
Coge una y me lanza otra, pero se cae al suelo y se abre. Todo se llena de gasolina.
- Mierda, lo siento.
- No pasa nada.
Recojo la lata y la cierro. Casi no le queda nada. Maldita incompetente.
- ¿Qué es eso? –pregunta y miro.
El maldito cigarrillo. Se ha descolgado y ahora está rodando y acercándose a nosotros. Mierda, no es la primera vez que me pasa, pero ahora está todo manchado de gasolina. Pego un salto por encima del charco de combustible y me lanzo a cogerlo. Otra ráfaga de viento. Se me mete el pelo en los ojos y la colilla escapa entre mis piernas.
Ups.
FIN
Me llamaron la atencion tus intereses...
ResponderSuprimirHola! Me llamo Esther, soy de Cieza. Voy a indagar un poquito en tu blog con tu permiso.
Bikos.
Adelante, tienes mi permiso.
ResponderSuprimirJAJAJA, es bueno tío. A mí siempre me ha costado mucho hacer humor y que a la vez quede profundo y bestia. Enorawena y suerte con los diarios.
ResponderSuprimirEstarás bromeando. Eso del humor te queda mucho mejor a ti que a mí. Yo soy de cosas tristes y profundas, y en esto del humor sigo un poco como pez fuera del agua.
ResponderSuprimirJeje, para ser lo primero que leo en tu blog me ha gustado bastante, seguiré rebuscando cuando tenga mas tiempo!, saludos de un hermano dlanero :D.
ResponderSuprimirEste comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderSuprimirMe alegra que te haya gustado. A la derecha tengo un índice con todos los relatos.
ResponderSuprimirJajaja, muy bueno!! Sobre todo el final: "ups".
ResponderSuprimirMe ha encantado. No tanto los pensamientos del protagonista hacia la repartidora... ¿Hacerle la carretilla? Pero bueno, sois hombres, es una de esas cosas que no podéis evitar.
Un saludito!!
Sara.
Jeje, me ha gustado el relato y tu estilo de escritura. No es que yo sea ningún erudito ni mucho menos, pero bueno, me gustó y punto :)
ResponderSuprimirSaludos y suerte!
Sara, la cosa de ponerle esos pensamientos era para ridiculizar al mismo personaje que narra la historia. Además, llama la atención, y siempre hay que llamar la atención al principio de un relato (¡Fantasías sexuales!) aunque sea con la escena de un "gasolinero" gordo cogiendo por las piernas a una repartidora y follándosela dentro de una gasolinera.
ResponderSuprimirEmber, siempre digo que es precisamente el hecho de no ser un gran lector y no entender nada de literatura lo que permite de verdad apreciar si un relato ha quedado bien o no. Cuando uno entiende mucho de lingüística no para de fijarse en la construcción de las frases, la utilización de los conectores aditivos y la cohesión general del texto, entre otras muchas (demasiadas) cosas.
Si te gusta, entonces ha merecido la pena escribirlo. Sólo lo hice porque estaba aburrido y buscando relatos por Internet no encontraba ninguno que me entretuviese. Todos se ponían serios a describir con precisión complejas realidades con poco interés más allá de las fronteras de la imaginación de sus creadores. Vamos, que leí unos relatos que me parecieron un muermo y escribí esto.