Nos ha dejado varias perlas en su artículo de esta semana, "La firma del hombre". Inspirado por "El hombre eterno", de G. K. Chesterton, arguye que la existencia del arte prehistórico, las pinturas rupestres, es una prueba irrefutable de que el hombre no puede ascender de los primates.
Lo que encontramos en dichas cavernas -unas pinturas rupestres realizadas no sólo por la mano del hombre, sino por la mano de un verdadero artista- rebate esas hipótesis evolucionistas que lo enmarañan y complican todo para que no podamos comprender la verdad, la sencilla y escueta verdad. Aunque hubiésemos sido adoctrinados en las más ortodoxas teorías evolutivas, llegaríamos a la conclusión de que esas mismas pinturas nunca las habría podido concebir ni realizar un animal. Podríamos fatigar el entero atlas, bucear en los océanos profusos de la fauna, asomarnos a los helados abismos donde se refugian las bestias más huidizas de la luz, y el resultado seguiría siendo el mismo: jamás encontraríamos una línea trazada con intención artística por la garra de un animal. Resulta chocante que los hombres de las cavernas, tan alejados de nosotros en el tiempo, sean al mismo tiempo tan cercanos a nosotros; y que bestias tan cercanas a nosotros en el tiempo, como el chimpancé o el gorila, sean a su vez tan lejanas. ¿Por qué los animales no realizan ningún tipo de arte, por rudimentario o balbuciente que sea?
Para refutar absolutamente todo el artículo de De Prada, no tengo más que responder a su última pregunta, recurriendo a esta vieja noticia. Los animales también pueden aprender a pintar, y pueden desarrollar el gusto estético. Tampoco se les puede pedir, con sus limitadas capacidades, que esculpan una Venus o construyan una catedral. Sin embargo, De Prada escapa por otro camino:
La respuesta la hallamos, de nuevo, en las pinturas rupestres: el hombre se
diferencia de los brutos en especie y no en grado.
Por supuesto. Ningún evolucionista ha tratado de negar eso. Por eso no es lo mismo el Homo Sapiens que el Pan Troglodytes. Pero las cadenas de ADN muestran un parecido demasiado grande como para negar (96%), no la evolución de los monos en hombres, sino que hombres y monos, especies diferentes, provengan de un antepasado común.
Sin embargo, el creacionismo que este hombre parece defender no ha conseguido explicarme la existencia de dinosaurios.
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