La obra de Christopher Marlowe es breve. Muy breve, si se la compara con la de otros coetáneos suyos. Estudió el Bachiller de Arte en la Escuela Real de Canterbury. Existen rumores sobre su trabajo al servicio secreto inglés, aunque despierta muchas más incógnitas su muerte. La versión oficial dice que, tras una cena junto a varias personas, las discusiones sobre quién debía pagarla llevaron a empezar una trifulca, en la que Ingram Frizer le clavó una daga en el ojo. Hay quien llega a decir que esta muerte fue fingida, producto de extrañas intrigas políticas, y que Marlowe siguió escribiendo bajo el sobrenombre de William Shakespeare. Yo no lo creo. Calvin Hoffman escribe en 1955 lo siguiente:
El plan tomó lentamente cuerpo. Marlowe tenía que ser asesinado. Con su muerte, desaparecerían las acusaciones que había contra él [blasfemia, homosexualidad, ateísmo...] y, paradójicamente, se le salvaría la vida.
El mismo investigador elucubra más adelante que, tras una serie de viajes, Marlowe habría regresado a Londres con una identidad falsa, y para que sus obras pudiesen ser estrenadas sin que se desvelase la conspiración, habrían buscado a:
Un tipo sensato, sin demasiada imaginación, a quien se podía confiar una parte limitada del intento y a quien no le importara dar su nombre a lo que fuera mientras el dinero fluyese con generosidad. Un hombre al que sin demasiada extrañeza pudiese hacerse pasar por dramaturgo: William Shakespeare.
Para rematar, la Wikipedia apunta que:
Shakespeare no existe antes de la fecha del 30 de mayo de 1593 en ningún documento, papel, licencia, partida o legajo alguno.
Otro punto a favor de esta paranoica conspiración se encuentra en la invención del verso blanco, carente de rima, que fue inventado por Marlowe y perfeccionado más tarde por Shakespeare. Pese estas y otras similitudes encontradas en los versos de ambos autores, yo encuentro una diferencia muy profunda. Marlowe tenía una escritura muy simple y directa, que choca con la complejidad de vocabulario de Shakespeare. J. M. Robertson, sin embargo, encuentra un claro parecido en obras como "Enrique V", "Julio César" o "Romeo y Julieta".
La obra de este autor, como ya dije, es muy breve. Sólo llegó a escribir siete dramas, dos traducciones, y un par de poemas propios. En teatro, tenemos: "Tamerlán el Grande" (dos partes), "La Masacre de París", "Eduardo II", "El Judío de Malta", "La Tragedia de Dido" y "Fausto". Esta última, en mi gusto personal, tiene un valor superior incluso al de la versión de Goethe ya que, tanto por extensión como por la simplicidad en la trama y el vocabulario, supone el mejor punto que conozco para acercarse a la leyenda del famoso doctor. El mito de Fausto tiene aquí la profundidad de un cuento infantil, con su moralina incluída. El pasaje más inspirado que recuerdo se encuentra en el acto segundo:
FAUSTO:
Por fuerza, Fausto, has de condenarte ahora.
Ya no puedes salvarte.
¿De qué sirve, entonces, pensar en Dios o en el Cielo?
Aparta de esas vanas fantasías y desespera...
¡Desespera de Dios y confía en Belcebú!
No retrocedas ahora. ¡Ánimo, Fausto!
¿Por qué esos titubeos?
¡Oh, algo me resuena en los oídos!
"Abjura de esta magia, vuelve a Dios de nuevo".
¿A Dios? Él no te ama:
El dios al que sirves es tu propio apetito
y en él está trabado tu amor a Belcebú.
A él erigiré altares y un templos
y ofrendaré la tibia sangre de los recién nacidos.
ÁNGEL BUENO:
¡Adelante, Fausto, con esta ciencia afamada!
ÁNGEL MALO:
Mi buen Fausto, abandona este arte execrable.
FAUSTO:
Contrición, oración, arrepentimiento, ¿qué es todo eso?
ÁNGEL BUENO:
Medios que te llevan al cielo.
ÁNGEL MALO:
Más bien ilusiones, frutos del desvarío,
que alelan a quienes a ellos se entregan.
ÁNGEL BUENO:
Fausto, piensa en el cielo y en lo que a él lleva.
ÁNGEL MALO:
No, Fausto, piensa en el honor y la riqueza.
FAUSTO:
¡Riquezas!
¡Mío será el señorío de Emdem!
Cuando tenga a Mefistófeles a mi lado,
¿qué poder prevalecerá contra mí?
Estás a salvo, Fausto. ¡No albergues más dudas!
Ven, Mefistófeles, y tráeme buenas nuevas
del gran Lucifer.
¿No es ya medianoche? ¡Acude, Mefistófeles!
Veni, veni, Mephistophile!
Habla ya, ¿qué dice tu señor Lucifer?
MEFISTÓFELES:
Que permaneceré de por vida a las órdenes de Fausto
de modo que él compre mis servicios con su alma.
FAUSTO:
Fausto ya ha corrido por ti ese riesgo.
MEFISTÓFELES:
Pero ahora debes hacer solemne entrega de ella
y escribir con tu propia sangre la donación.
Lucifer pide esa garantía.
Si rehúsas, yo regresaré al infierno.
FAUSTO:
Aguarda, Mefistófeles, y dime:
¿qué bien puede reportarle mi alma a tu señor?
MEFISTÓFELES:
Ampliar su reino.
FAUSTO:
¿Ésa es la razón por la que nos tienta?
MEFISTÓFELES:
Solamen miseris socios habuisse doloris.
(La alegría del miserable son sus compañeros de infortunio)