26 de enero de 2009

La Divina Tragedia (Parte I)

La vida no es justa. Muy pocos pueden entenderlo. Me hace gracia la gente que dice que el mundo pone siempre a cada uno en su sitio. Pues aquí estoy yo. Soy un cabrón hijo de la gran puta y siempre lo he sido, y aquí me tienes con un cochazo que vale millones y acompañado por un par de guiris despampanantes. A punto de morir, igual que ellas.

El sitio que todos los seres humanos merecemos es el cementerio. Sólo así la frase cobra sentido. Un camión se cruza en mi camino, y el volantazo nos lanza fuera de la carretera, a caer por un barranco.

El amasijo de metales y cables en que se está convirtiendo el vehículo empieza a atravesarme las piernas. Un trozo de vidrio sale disparado desde la ventana derecha y atraviesa mi garganta. Lo disfruto. Sangre a borbotones.

Sangre a borbotones. Es buen momento para pensar en chistes. Como aquél que me contaron cuando era pequeño y estaba junto al lago. Sam. Iba sobre un tipo muy deprimido que visitaba al médico. El médico le decía que se fuese a ver la actuación de un payaso que acababa de llegar a la ciudad. El paciente se echaba a llorar diciendo: “¡Pero yo soy ese payaso!”. Muy triste.

El payaso, tras recomponerse, realizó una de las mejores actuaciones de su vida. Se convirtió en una de las mejores, precisamente, porque contó esta misma anécdota, de la misma forma que me la estaba contando Sam en aquellas vacaciones que pasé junto al lago.

Sam era un chaval alto y travieso, que daba un poco de miedo. Me sacaba tres palmos de altura, así que pensé que lo mejor era tenerle como amigo. Era el tipo de crío que siempre andaba molestando a los demás.

Su padre solía llevarnos en barco a pescar. Se sentaba en la proa con una hamaca y unas gafas de sol a leer el periódico. Lanzaba la caña, pero nos dejaba a nosotros ocuparnos de si picaba algo. Nunca lo hacía. Sam y yo nos tirábamos al agua una vez cada uno, para que siempre hubiese alguien ocupado de la caña.

Él siempre saltaba primero. Me pegaba gritos de vez en cuando para que le viese hacer alguna gilipollez. Trataba de enseñarme a nadar. Una tontería, porque yo ya sabía. Nadaba como los perros, pero sabía, y no necesitaba nada más.

Empezaba a dar chapuzones diciendo que eso se llamaba “la mariposa”, y yo me reía. Entonces salía a la superficie y decía que se había quedado atrapado. Y yo me reía. Seguía riendo mientras Sam se las ingeniaba para enredarse en la cuerda de pescar y clavarse el anzuelo en el pie. Sangraba. Y yo me reía.

Su padre tardó mucho en darse cuenta de lo que pasaba. Como la mayoría de los adultos, desconectaba en presencia de los niños. Hacía falta mucho alboroto para que volviese a la realidad. Se quitó la camisa de un tirón y se lanzó al agua con las gafas de sol puestas. Recogió a Sam y lo subió de nuevo al bote él solo, mientras yo observaba todo de rodillas.

El anzuelo le había atravesado el pie de lado a lado. Aún tenía la mitad correosa y sanguinolenta de un gusano que, pese a todo, vivía. Su padre lo quitó con un pellizco y le cubrió la herida con una toalla. Rápidamente se va al botiquín y saca un bote blanco. Sam grita y llora al mismo tiempo, como incapaz de decidirse, pero los chillidos ganan cuando recibe el agua oxigenada en la herida. Se le oye gritar en todo el valle. Luego no se le oye.

- ¡Ángel! Ven. De vez en cuando, échale.

Me acercó el bote y cumplí sus órdenes. Cada gota hacía que le saliesen burbujas blancas. Me asustaba. No se movía. Enciende el motor y tardamos unos diez minutos en llegar de nuevo a la playa. Luego su padre se lo llevó en brazos, y la madre le acompañó. Nadie me dijo que hiciese nada. Me quedé a solas, en el bote.

Observando el charco rojo que había quedado en el bote.


Continuará...

17 comentarios:

  1. ¿Esto lo hizo su merced? Porque si es así, debo admitir que es algo rudo, pero me gusta la historia, en sí, así que sí me disculpan, haré una opinión romántica...
    "Me ha gustado, a pesar de que a mí me parece un poco vulgar, pero no importa, ya que la esencia está viva y eso es lo que realmente interesa..."
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  2. Lamento, que haya escrito otra vez, pero debo admitir que he cometido una imprudencia, al no agradecerle por haber escrito en mi blog, gracias, y a pesar de que nadie está solo, la verdad es que nadie sabe nada, es simplemente la sensación de estar solo o la de estar acompañado
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  3. No entiendo el trasfondo,si no se rompe el misterio de la historia,¿qué quieres transmitir?
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  4. Ésta es sólo la primera parte. El relato continuará. Iré poniendo más partes cada día hasta terminar de contar la historia.
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  5. Me gusta, sobre todo el comienzo. Atrapa desde un primer momento, aunque después va un poco más por las ramas.

    Menos mal que te has dignado a empezar a publicarlo, ya pensaba que te ibas a echar atrás desde que leí el comienzo en un folio en el patio de las pérgolas.
    Puede que algún día Mendoza se dé cuenta de lo que leemos por ahí y nos lo confisque, pero mientras tanto podremos disfrutar de estas cosas, xD

    Ay, yo también me voy por las ramas. En cuanto al relato, me ha gustado mucho, tengo ganas de seguir leyendo.
    Sólo un pero y es léxico (o gramático o como quieras llamarlo), en la última frase:
    "Nadie me dijo que hiciese nada. Me quedé a solas, en el bote. Observando el charco rojo que había quedado en el bote."
    Creo que no hace falta repetir "el bote" después, sólo con decir "el charco rojo que había quedado en él" se sobreentiende, pero vamos, eso es a gusto del consumidor.

    Un saludo!
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  6. Yo siempre acabo publicando. Aunque sea en secreto. Mendoza no puede acabar con lo que escribimos xD

    En lo de la última frase tienes toda la razón. Es una repetición de palabras, está clarísima, y cualquier manual sobre la técnica literaria te dirá que eso está mal escrito. Pero me ha dado por experimentar, y lo he acabado utilizando como recurso para enlazar y remarcar ciertos puntos.

    Ahora publicaré la segunda parte. Le estoy dando el último repaso.
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  7. tantas cosas morbosas al final saturan. y yo leo mucho la palabra "sangre" entre otras, y deja de provocar el efecto q deberia. pq supongo q tendras alguna intencion no?

    un cabron con un coche y putas es feliz? lo dudo.
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  8. La palabra "sangre" aparece tres veces en todo el relato. Dos veces en este fragmento. Posiblemente otra vez al final. A eso le puedes sumar, si quieres, otro par de palabras derivadas del verbo "sangrar". Para un relato de 5-6 folios no está demasiado mal, ¿no crees?

    Un cabrón con putas en un coche puede ser feliz, si eso es lo que quiere y le apetece.
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  9. nadie quiere eso. si lo quiere es pq le da miedo por alguna extraña razon querer aquello q realmente le haria feliz. pero luego se lamentan. en la frase esa que dice q tiene todo lo que quiere siendo un cabron, no se si lo habras hecho a proposito, pero no m transmite q realmente este conforme con lo q esta diciendo, sino al contrario. es decir, q me parece q suelta un argumento nada convincente, para que el lector de le da la vuelta. por eso creo q t ha salido mal. me has entendido?
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  10. ¿tu querrias eso?
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  11. No, pero yo no soy el protagonista del relato ni represento a toda la humanidad.
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  12. tu personaje representa a toda la umanidad?
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  13. Tampoco. La humanidad está llena de gente distinta, y es muy arriesgado decir que una situación así no haría feliz a nadie.
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  14. tb es muy arriesgado decir q el amor no existe. con esas se dejara de buscar. y no creo q nadie deje de buscar, aunq sea sin q nadie se de cuenta. es un instinto.
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  15. Ahí no estoy de acuerdo con el protagonista. El amor existe a veces, pero es difícil de encontrar y aún más de mantener. Aunque ojalá no hubiese existido nunca.
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  16. uff!, ¡¡bravo Ruth!! y bravo Moreno ( por como toreas en los comentarios ;). Voy a seguir...
    Un abrazo
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