La semana pasada, una de las profesoras de la UCAM, Gloria María Tomás Garrido, asistió a la Universidad de Alicante para dar una conferencia sobre bioética en el "V Curso Ciencia y Sociedad". Su charla se convirtió en un largo alegato contra la homosexualidad, en el que tachaba a los homosexuales de enfermos. También examinaba las causas. Según ella, uno puede acabar siendo gay por tener un gatillazo, hacer "tonterías como masturbarse" o algo tan simple como "que te roben la merienda" de chico.
Nota: Si no te apetece ver los vídeos, aquí tienes una transcripción.
Los alumnos se quedaron con la boca abierta. De vez en cuando se escuchan algunas risas provocadas por la avalancha de burradas. La mujer que la presentaba no parecía saber a quién había llamado, quizá porque ignoraba su relación con la bioética personalista, que viene a ser la rama de la bioética encargada de meter a los curas en los quirófanos. Pero lo más triste es que, después de denigrar a los homosexuales, pide un aplauso. ¡Y los alumnos se lo dan!
Quiero pensar que el aplauso le fue concedido por cortesía, y no por simpatía hacia las ideas que predicaba. Pero al concedérselo, estaban dando a entender lo segundo. Motivo de vergüenza para los chicos de la UA. ¿Qué se supone que sois, estudiantes o borregos? ¿Por qué nadie replicó, ni le pidió a la profesora que citase algún estudio científico que respaldase sus opiniones?
La homosexualidad no es una enfermedad. La enfermedad es la intolerancia y el desprecio a los semejantes. Si la homosexualidad fuese una enfermedad, ¿por qué la OMS no la considera como tal? ¿La OMS atiende a razones políticas? También podemos recurrir a la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, que la rechazó como enfermedad mental en 1973. ¿Las pajas mentales no son pecado para los del Opus?
Por suerte, una de las alumnas de la UA, Marisol Moreno, coordinadora de LGTBQ (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales, Queer), le contestó en este post. El video ha ido de blog en blog, pasando por Twitter y Facebook, hasta llegar a la portada de menéame, y pasando de aquí a varios medios digitales como El Mundo o 20minutos. También le hicieron una entrevista en la que continuó diciendo burradas. Hay otra hecha a Marisol Moreno en Cara B Esta profesora ha conseguido hacerse famosa en Internet en cuestión de pocos días, y lo ha conseguido por la vía rápida: haciendo el ridículo.
Pero la charla en cuestión no quedará impune. La asociación COLEGAS de gays, lesbianas, bisexuales y transexuales le ha interpuesto una demanda. Se buscaba que la UA condene públicamente las declaraciones, lo cual, juiciosamente, ya han hecho. También quieren que se limite la libertad de cátedra a través del Ministerio de Educación, para evitar que se repita. Aquí tratan de ir demasiado lejos. La libertad de cátedra es una necesidad fundamental para tener una educación libre. No nos conviene que ningún partido político meta mano en lo que se imparte en las aulas. "No estoy de acuerdo con lo que dices pero defenderé con mi vida tu derecho a decirlo", se atribuye apócrifamente a Voltaire en el siglo XVIII, época de la que parecen provenir las ideas de esta profesora.
El problema en este caso no es la libre difusión de ideas. Nadie quiere que vuelva la censura. El problema es que una profesora, a la que se le presupone un mínimo de inteligencia, llega a una charla para llenar la sala de falacias, con opiniones ofensivas e infundadas, asisten cerca de 900 estudiantes universitarios y le aplauden. El problema es que no se puede aprender mucho de alguien que no sabe de lo que habla, y que con su desconocimiento puede confundir a la gente e incitar a la marginación y a la intolerancia. Lo mejor que podría hacer esta profesora es apartarse de la docencia y entregarle su puesto a alguien mejor preparado y libre de prejuicios.
Gloria ya ha sido criticada antes por un Manual de Bioética que publicó en 2001, y en el que se reflejan ideas por el estilo de las del video. Los alumnos no se tragan una sola palabra que sale de su boca, y tratan de evitar sus clases siempre que no les obliga la asistencia. Lo mismo ocurre con las profesoras de esta universidad encargadas de impartir bioética en otras carreras. Nunca hay que olvidar que los universitarios somos personas adultas capaces de razonar, y que no nos creemos todo lo que nos dicen, por mucho que los aplausos de estos alicantinos nos hagan dudar de ello.
La asociación COLEGAS ha hecho también un llamamiento para que la UCAM condene sus declaraciones. No sé si lo harán (sería un poco hipócrita, pues tampoco es la única profesora que pensará de esta manera), pero como alumno quiero desmarcarme públicamente de las ideas de la señora Tomás, y expresar mi deseo de verla destituida y lejos de ocupar una cátedra de nuevo.
Por si a alguien le interesa, puede ponerse en contacto con esta profesora enviando un mail a gtomas@pdi.ucam.edu con halagos, insultos o lo que desee.
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