¿Qué tal, mi amor? ¿Por qué tan pálida?
¿Cómo es que tus rosas se han mustiado tan deprisa?
HERMIA
Tal vez por falta de lluvia, que bien
podría darles con diluvios de mis ojos.
LISANDRO
¡Ay de mí! A juzgar por lo que he leído
o lo que he oído de casos reales o fábulas,
el río del amor jamás fluyó tranquilo.
O había diferencia de rango...
HERMIA
¡Qué cruz! Ser noble y no poder prendarse del humilde.
LISANDRO
... o edades dispares y no hacían pareja.
HERMIA
¡Qué cruel! Ser vieja y no poder casarse con un joven.
LISANDRO
O depender de la elección de los tuyos.
HERMIA
¡Ah, infierno! ¡Que elijan nuestro amor ojos de otros!
LISANDRO
O, si había consonancia en la elección,
asediaban al amor enfermedad, guerra o muerte,
volviéndolo fugaz como un sonido,
veloz como una sombra, efímero cual sueño,
breve cual relámpago que, en la noche oscura,
alumbra en su arrebato cielo y tierra.
y, antes que podamos decir «¡Mira!»,
lo devoran las fauces de las sombras.
Así de rápido perecen ilusiones.
***
Es de "Sueño de una noche de verano", de William Shakespeare. Hoy, tiempo después, me acordé del fragmento y lo he reconstruído erróneamente así:
"Los seres humanos son así: cuando él quiere, ella no quiere; cuando ella quiere, él no quiere; y cuando ambos quieren, se juntan a su alrededor todo tipo de calamidades"
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