Hasta el último día me han mantenido en sus garras, como si el mundo fuese a cambiar en algo para esa panda de maricones por hacerme salir de su prisión –que también fue la mía- con el ojo del culo bien caliente, refunfuñando contra la locura del mundo, y justo cuando me devuelven la ropa y la cartera y los cigarrillos y ese boleto de lotería inútil, aparece esta asquerosa sortija engarzada con la piedra más bonita que el dinero de un experto en abejas es capaz de reunir, sólo para recordarme aquello que ni todo el tiempo del mundo sería capaz de borrar: tus níveas manos de princesa.
No sé los pasos que me llevaron a acabar en aquel baile, pero tú estabas en él. La lujuria danzaba bajo tu vestidito negro de satén. El deseo me dejó paralizado, me hizo partirme en mil pedazos y la obsesión se convirtió en tu piel, Lática, en el nombre que se repetiría como una pesadilla en mis anhelos de saborear tu carne de miel. No podía esperar a encontrarte, conocerte, hacer mi vida una con la tuya y saborear la fruta prohibida que tu cuerpo engendraba con pecaminosa minuciosidad, cuidando cada uno de los detalles que forjaban su perfección.
Pasaron días de angustiosa espera, mientras seguía cada uno de tus pasos buscando la oportunidad de convertirme en alguien especial para ti. Tenía que hacerlo. Tenía que darte la posibilidad de redimirte de la sacra responsabilidad de haberme enamorado, de haber hecho tambalear los cimientos de mi alma con tu suave vocecilla y tus movimientos de fantasía.
Por fin pude cruzar la calle con el corazón en un puño, latiendo a la velocidad del sonido, amenazando estallar de pánico. Impulsado por el torrente de pasión que me agitaba tu cercanía pude hablar, o casi, lo suficiente para dejar de ser desconocidos. Para ser amigos…
Cada mirada tuya estremecía mi inmensidad, y no podía alejarme de ti. Pasaste a ser todo lo que me mantenía vivo con cada caricia, cada sonrisa, cada tierno beso en la mejilla. Me diste un mundo, y te compensé como pude. Con cada baratija, dulce y sortij
a que se te antojó, con cada caprichosa exigencia, cada juego de azar en el que me apostabas tus favores. La corriente de tus peticiones me transformó en un hombre nuevo, más feliz que el que jamás hubiese podido ser.Esta sortija estaba esperando el momento en aquél instante en que la señalaste. Estaba destinada a ti, destinada para mí, diseñada para representar lo que éramos nosotros. Nunca debí dejar que otros te vieran. Debí haberte guardado y protegido como tu candidez merecía. Los vecinos son demasiado chismosos. La policía demasiado ruda. Arrancaron el anillo de tu dedo. Te hicieron daño, no me dejaron curarte, lo tiraron al suelo con sus órdenes de:
- Vístase.
Aunque poco importa ahora. Todo está perdonado y todo empieza de nuevo. Sé que serás mi condena pero debo olerte de nuevo, ese aroma a mandarina. No quiero ni imaginar lo que te habrán contado. Doce años han pasado y espero que me hayas sido fiel, Lática. Por mi bien necesito eso del recuerdo que me permitió aguantar este infierno. Ahora serás mayor de edad y podrás resarcirme, mi pequeña Lática. Tendremos tiempo para amar.
FIN
Descargar "Lática" en pdf
Un dato curioso: Alfred Kinsey, quien realizó intensos estudios sobre la sexualidad en los años 40, era un experto en abejas. Pasó gran parte de su vida publicando estudios de entomología sobre las avispas gallaritas, pero la fama no le llegó hasta publicar la primera parte del Informe Kinsey, "El comportamiento sexual en el hombre". Hay que reconocer que este título tenía más gancho que "Las avispas gallaritas: un estudio desde el Origen de las especies". Luego lo complementó con "El comportamiento sexual en la mujer". En conjunto forman un completo estudio científico sobre los hábitos sexuales de los seres humanos que echó por tierra varios mitos que la gente se había estado inventando a lo largo de los siglos.
Latica es la niña protegonista de "Q & A", el libro de Vikas Swarup del que adaptaron la película de "¿Quiére ser millonario?".
Si os encontráis con algún caso de pedofilia en la red, denunciadle.
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Un dato curioso: Alfred Kinsey, quien realizó intensos estudios sobre la sexualidad en los años 40, era un experto en abejas. Pasó gran parte de su vida publicando estudios de entomología sobre las avispas gallaritas, pero la fama no le llegó hasta publicar la primera parte del Informe Kinsey, "El comportamiento sexual en el hombre". Hay que reconocer que este título tenía más gancho que "Las avispas gallaritas: un estudio desde el Origen de las especies". Luego lo complementó con "El comportamiento sexual en la mujer". En conjunto forman un completo estudio científico sobre los hábitos sexuales de los seres humanos que echó por tierra varios mitos que la gente se había estado inventando a lo largo de los siglos.
Latica es la niña protegonista de "Q & A", el libro de Vikas Swarup del que adaptaron la película de "¿Quiére ser millonario?".
Si os encontráis con algún caso de pedofilia en la red, denunciadle.
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