12 de noviembre de 2009

Locos por el hipertexto



La mañana del miércoles se realizó un ciclo de conferencias llamado "Locos por el Hipertexto" junto al Auditorio Víctor Villegas de Murcia, organizado por el Observatorio de Diseño y Arquitectura. Llegué tarde; había tenido clase antes. La mayoría coincidió en que me había perdido una gran conferencia: la de Álvaro Rey, quien habló sobre Publicidad y Redes sociales. Al parecer, su charla fue amena. Mostró campañas publicitarias y anuncios curiosos, junto a los preparados por el estudio Waskman, al que pertenece. Afirmó que la web 2.0 es un diálogo y que los internautas tienen una conciencia de grupo tremenda, entre otros consejos para aprovechar las posibilidades de Internet.

El siguiente fue Antonio Lafuente, doctor en Ciencias Físicas, para una charla denominada "Autoridad expandida y el derecho a saber". Es decir, cómo afecta el nuevo uso de los derechos de autor a la divulgación científica. "Saber debería convertirse en un nuevo derecho", afirmó. "Tenemos el caldo de cultivo para que se produzca una nueva Ilustración". Luego pasó a criticar el modelo de patentes norteamericano, y a hablar de enfermedades poco comunes y otras teorías marginales de la ciencia, que obtienen poca relevancia por las vías normales, pero se investigan mejor gracias a la comunicación por Internet. La electrosensibilidad, por ejemplo, hace a ciertas personas dramáticamente susceptibles a los campos magnéticos de los electrodomésticos actuales, y hasta hace poco la comunidad científica no la consideraba una enfermedad. De hecho, en España sigue sin considerarse así, pese a que la OMS ya lo ha reconocido. Su charla fue la más extensa, y dejaba cierto regustillo a pseudociencia.

Junto a las charlas, había una conversación paralela manteniéndose en Internet, mediante chat y Twitter. Tres personas sintetizábamos todo lo que se decía y lo transmitíamos en forma de mensajes al resto de asistentes -y alguno de los no asistentes- para que lo tuviesen todo por escrito. Los portátiles tecleaban y los móviles echaban fotos.

Tras una corta pausa para el café, llego Javier Candeira con "El derecho a enlazar: el copyright en la era del hipertexto". Con diferencia la mejor intervención de la tarde. José Manuel Noguera, profesor de la UCAM, dijo que lo primero que le sorprendió fue su pelo: "La última vez que lo vi estaba calvo". Ahora llevaba un peinado 'afro'. Quizá fuese artificial. Criticó los estándares http y html sobre los que funciona la red de redes. "Por fortuna escogieron la opción más chapucera, porque también era la más simple, y ahora es más fácil trabajar sobre ella e incluirle mejoras". Hizo un repaso de distintos casos jurídicos en los que se ha intentado tachar de ilegales los enlaces. Salió a relucir la petición de Murdoch de que Google no indexe los periódicos de los que es propietario. "Esto es un suicidio, pues si no hay visitas no hay clientes". Algunos tienen sus teorías, pero todos coinciden en que es un mal movimiento. Incluir un hiperenlace en un texto nunca es delito, incluso si se enlaza a un contenido ilegal o alegal; es lo mismo que escribir la dirección en el navegador, y el último responsable siempre habrá de ser el autor de la página. "El enlace será legal siempre que exista libertad de expresión".







Para terminar, se celebró una mesa redonda en la que a los anteriores conferenciantes se unieron José María Ortín, de Firma Proyectos y Formación, Mercedes Fernández Morote, de Perfumerías Marvimundo y Teresa Jular, de XL Internet.

Ortín habló sobre el miedo de las empresas a abrirse camino a través de la web. “Las empresas que aplican criterios de seguridad antes de meterse en Internet tienen menos problemas”, aseguró. “Es necesario que cada empresa sepa dónde están sus datos en cada momento y qué hacer con ellos”. Mercedes Fernández Morote, por su parte, señaló que “aún no han asimilado que el usuario de Internet es el mismo cliente que se pasea luego por sus tiendas”. A este respecto, Candeira mostró el proyecto de un diseñador web que se hizo frutero, y ahora vende tomates por Internet con bastante éxito. Rey recordó una franquicia pastelera que comenzó publicando en Twitter cada vez que tenían una tarta recién hecha.

Durante el turno de preguntas, Lafuente habló de la brecha digital y del monopolio de Google: “Si Google se convirtiese en algo realmente necesario para el funcionamiento de un país, ese país podría expropiar el servicio y convertirlo en un bien común”. También se mencionó a la SGAE y su pésima gestión de los derechos de autor. “Antes preferiría trabajar de relaciones públicas para la Iglesia de Satán que para la SGAE. ¡Al menos los heavies estarían de mi lado!”, exclamó Candeira.

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