
A veces me da por pensar que la humanidad ha desterrado para siempre el significado de la palabra "manifestación", o al menos lo ha hecho en las sociedades civilizadas. Igual que hace tiempo ocurrió con los sacrificios rituales, se ha convertido en un mero espectáculo de variedades. Miles de personas toman las calles con una exigencia dirigida al gobierno, las cámaras cubren el evento desde todos los ángulos posibles; se discute sobre la cantidad de gente que asistió, se discute sobre las pretensiones de los manifestados, pero ahí queda la cosa: luego no ocurre nada, y nadie sabe si tenía que ocurrir algo.
Para demostrar tu afinidad con una idea o tu apoyo a un movimiento político no hace falta utilizar tu cuerpo para colapsar el tráfico. Puedes dejar clara tu idea en un blog, o crear una red social para demostrar cuánta gente está de acuerdo contigo. Puedes dirigir cartas a los periódicos, publicar octavillas, o subirte en un banco de la Plaza de las Flores y clamar tu descontento a viva voz. Eso es ejercer tu libertad de expresión -como la podrán ejercer otros para discutirte-, quizá un espectáculo, pero no una manifestación, y empiezan a convertirse en lo mismo en la conciencia general.
Manifestarse no puede consistir solamente en enarbolar la bandera de tu opinión. Una manifestación es una exigencia explícita al gobierno, no un mero paripé. Y para exigir algo hay que demostrar poder, y el poder se demuestra con heridas o amenazas. ¿Qué puede temer el gobierno o la clase política de las manifestaciones actuales? Nada. Un puñado de votantes menos que tendrán que esperar a que les toque su turno en las urnas, y para entonces, seguirán votando al partido que defienden como hinchas futboleros o, como mucho, le entregarán su voto al vecino y sanseacabó.
Las manifestaciones conllevan riesgos, porque son un enfrentamiento claro ante el poder. Pero en cambio, hoy lo tomamos como salir a dar un paseo. Se pegan un par de gritos con los amigos y luego todos de cañas. ¿Qué ocurre si después no pasa nada? ¿Nos olvidamos y esperamos a que otro exaltado convoque la siguiente manifa? No he vuelto a saber nada de los que asistieron a aquellas manifestaciones contra la ley del aborto, ni de aquellos que hace ya tiempo se manifestaban contra el plan Bolonia, y eso que ambas propuestas salieron adelante.
¿No estaban tan seguros de lo que decían? Parece que no, porque su voz se ha silenciado. Callados por la rutina y la indiferencia. La tiranía de las masas. El tiempo perdido no importa. Es lo que hay. Pero a nadie se le ocurre que quizá haga falta otra manifestación, o una huelga. Pues para eso os podríais haber quedado en casa desde el principio. Total.
Si no estábais realmente seguros de lo que queríais con la manifestación, no haberla hecho. Perdéis vuestro tiempo y el de los demás, además de dejar como algo ridículo una práctica necesaria para que la democracia se mantenga (si es que no está ya podrida bajo su corteza llena de pústulas).
Manifestaciones en serio, por favor.
Tal vez diga una burrada, pero al igual que otras muchas cosas en la vida, el "estar de moda" tiene mucho que ver.
ResponderSuprimirSI vas a la "mani" te conviertes instantaneamente en una persona reivindicativa, y eso actualmente no está tan mal visto. En realidad no te importa el tema de la manifestación, tan solo que los demás sepan que vas allí y digan -Oh, que valiente moderno y antisistema es-, pero cuidado con que te vea tu mama o papa.
Estoy totalmente de acuerdo con lo que planteas. LA gente no pone esfuerzos en algo, no batalla por sus intereses. Deberíamos tomar ejemplo de sudamérica, les coartan la libertad y ponen todo su empeño en intentar que no sea así. Tal vez demasiado violentos, pero realmente si que creen en ello y no se dejan pisar.
POco probable que por estos lares se haga algo en serio y con verdadero conocimiento de causa.
Una pena.
Saludos Gorgonitas
Yo no soy de ir a manifestaciones, la verdad es que me la suda bastante. Realmente creo que se debe a mi forma de ser pesimista y catastrofista, cuyo lema reside en "no hay solución, no hay solución". Debo cambiar ciertos aspectos de mi visión del mundo, pero por el momento las cosas están así de oscuras.
ResponderSuprimirDe cualquier modo, supongo que una buena manifestación podría tener grandes y buenas consecuencias, aunque dudo que eso se dé muy a menudo. Al final los que tienen el poder hacen lo que quieren. Nosotros les damos igual, a no ser que prendamos fuego a su casa y ese tipo de cosas...
En fin, se me va la pinza.
¿Qué tal el proyecto de la revista?
Pues no deberíamos darles tanto igual. Los civiles somos más y mejores xD
ResponderSuprimirLa revista va por buen camino, de hecho acabo de sacar el nº26 y hay publicado un poema tuyo :)
Muy bueno el post.
ResponderSuprimirExcepto en la parte de que los que hacen las manifestaciones, en su totalidad, vuelven a su casa sin hacer nada.
Todavía hay movimientos anti-bolonia, al igual que los hay propalestina,antitaurinos,etc. y aunque sea a la sombra de los grandes medios, siguen actuando para intentar cambiar aquello por lo que luchan.
Esos son los tres o cuatro que montan la manifestación. Pero a la manifestación asisten 500 personas y luego el grupo de presión lo llevan dos (casi siempre con poco éxito).
ResponderSuprimirLo que critico en el artículo es esa conducta borreguil de unirse a las manifestaciones para hacer bulto cuando el tema realmente ni te va ni te viene, y luego sigues con tu vida sin importarte que se haya conseguido algo o no.