Murcia suele ser un lugar cálido. Tórrido y asfixiante. La lluvia es casi un milagro, y la nieve, un imposible. Ayer cayó ese imposible sobre las montañas, y aún desde la ventana veo los surcos blancos que deja la nieve sobre los cortafuegos.
Ayer era el cumpleaños de un colega y fuimos a celebrarlo a su casa de campo. Encendimos la chimenea, nos asamos algo de carne y le regalamos un caldero de barro. La última vez que intentamos hacer una queimada le destrozamos una olla de metal, y así le compensábamos un poco. Es una bebida tradicional gallega, para tomar el día de todos los santos. Orujo, azucar, granos de café y la corteza de un par de limones (que previamente sustrajimos de su propio huerto). Se le prende fuego y se remueve mientras se recita el esconxuro. Mouchos, curuxas, sapos e bruxas. La última vez se nos quedó algo fuerte, así que lo leímos dos veces: una en gallego y otra en español. Cuerpos mutilados de los indecentes, pedos de los infernales culos, mugido de la mar embravecida. Son unos versos que se inventó un escritor borracho hace varias décadas, pero recitarlos sobre las llamas del caldero es un bonito espectáculo.
- Tío, la piscina esa parece estar un poco sucia.
No estaba sucia. Estaba congelada. Tenía una fina capa de hielo que la recubría. A las cinco de la mañana parecía granizado. Al amanecer discutíamos si se podría caminar sobre ella. No, no se podía. Decidimos abrigarnos bien y subir a la montaña a disfrutar de la nieve. Total, la gente estaba con sueño y muchas parejas se iban a volver a casa. Luego no se fueron, porque tenían el parabrisas congelado y les daba pereza poner la calefacción.
Lo malo del monte es que en cierto momento desaparecen las farolas. Había nieve, podíamos sentirla y tocarla, pero no podíamos verla. Aunque eso no nos disuadió de hacer ángeles o deletrear nuestro nombre meando. Nos quedamos un rato mirando las estrellas y hablando sobre azar, determinismo y el origen del universo. Explicar la teoría del Big Bang es bastante difícil cuando estás tiritando. En el Big Bang no se creó sólo la materia, también el espacio y el tiempo. A la vuelta nos faltaron calefactores. Teníamos cuatro. Tuvimos que dormir todos en la misma habitación. Los que iban a hacer algo más que dormir ya habían hecho varias visitas a los dormitorios y estaban saciados.
Por la mañana hemos vuelto a subir. Después de jugar un poco con el perro -que parece tener una extraña fijación sexual con todo bicho viviente- mientras recogíamos. Ahí sí. Jamás habría imaginado que a sólo unos metros de Murcia podríamos jugar a tirarnos bolas de nieve. Casi nos matamos resbalando en el fango, pero ha merecido la pena. Me habría quedado allí, pero el Monzogo no se hace sólo (ojalá).
La semana que viene será un número especial.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada