Me parece que lo que se necesita es un equilibrio exquisito entre dos necesidades conflictivas: el mayor escrutinio escéptico de todas las hipótesis que se nos presentan, y al mismo tiempo una actitud muy abierta a las nuevas ideas. Obviamente, estas dos maneras de pensar están en cierta tensión. Pero si sólo puedes ejercitar una de ellas, sea cual sea, tienes un grave problema.
Si sólo eres escéptico, entonces no te llegan nuevas ideas. Nunca aprendes nada nuevo. Te conviertes en un viejo cascarrabias convencido de que la estupidez gobierna el mundo. (Existen, por supuesto, muchos datos que te apoyan.) Pero de vez en cuando, quizá uno entre cien casos, una nueva idea resulta estar en lo cierto, ser válida y maravillosa. Si tienes demasiado arraigado el hábito de ser escéptico en todo, vas a pasarla por alto o tomarla a mal, y en ningún caso estarás en la vía del entendimiento y del progreso.
Por otra parte, si eres receptivo hasta el punto de la mera credulidad y no tienes una pizca de sentido del escepticismo, entonces no puedes distinguir las ideas útiles de las inútiles. Si todas las ideas tienen igual validez, estás perdido, porque entonces, me parece, ninguna idea tiene validez alguna.
Algunas ideas son mejores que otras. El mecanismo para distinguirlas es una herramienta esencial para tratar con el mundo y especialmente para tratar con el futuro. Y es precisamente la mezcla de estas dos maneras de pensar el motivo central del éxito de la ciencia
30 de mayo de 2009
Exquisito equilibrio
- Carl Sagan, en "La carga del escepticismo"
25 de mayo de 2009
Una novela de terror "para cagarse"
El autor japonés Koji Suzuki, autor de la novela "The Ring" que dió origen a una película japonesa y un remake estadounidense, ha elegido una forma algo especial de publicar su última novela, "Drop": rollos de papel higiénico.

En Japón existe la superstición tradicional de que los fantasmas moran en la taza del váter, por lo que se relacionan los excrementos con el más allá. Los cuartos de baño suelen estar siempre en lugares apartados y escondidos del resto de la casa, lo que los configura como el sitio ideal, parece ser, para leer una novela de estas características.
Aunque la idea parezca original, no lo es del todo. Desde hace tiempo existe una web que se dedica a vender libros impresos en este tipo de material, para ser leídos y desechados al instante de una de las formas más asquerosas que se pueden imaginar. La web, que entre otros libros ofrece el Quijote y la Biblia, se llama Literatura en Papel Higiénico.

En Japón existe la superstición tradicional de que los fantasmas moran en la taza del váter, por lo que se relacionan los excrementos con el más allá. Los cuartos de baño suelen estar siempre en lugares apartados y escondidos del resto de la casa, lo que los configura como el sitio ideal, parece ser, para leer una novela de estas características.
Aunque la idea parezca original, no lo es del todo. Desde hace tiempo existe una web que se dedica a vender libros impresos en este tipo de material, para ser leídos y desechados al instante de una de las formas más asquerosas que se pueden imaginar. La web, que entre otros libros ofrece el Quijote y la Biblia, se llama Literatura en Papel Higiénico.
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18 de mayo de 2009
Su hija folla
En una conversación en la que estaba el otro día:- Encima hay algunos diciendo que la píldora es abortiva, cuando no lo es. Lo que hace no es interrumpir el embarazo, sino actuar en el último momento para que no se produzca. Impide que el óvulo, si ha sido fecundado, se pegue a las paredes del útero. La Iglesia puede decir lo que quiera, pero en temas médicos la que manda es la Organización Mundial de la Salud.
- No sé qué tienen los cristianos en contra de la píldora del día después. Claro que es mala, por eso está para emergencias. Cualquiera diría que se las van a estar tomando día sí, día también. Si se la van a estar tomando todos los días, pues que cojan la anticonceptiva.
- El problema no son las leyes que le dan la píldora a las niñas de 14 años. El problema es que los padres se acaban de dar cuenta de que sus hijas follan y eso, pues claro, les parece mal. Lo que pasa es que antes lo ignoraban, y ahora con estas leyes se lo han recordado. Si se sentasen a hablar con sus hijas de vez en cuando no les parecería tan raro que las leyes se fuesen ajustando a la realidad. Por mucho que la realidad les fastidie. Si convencen a las niñas para que esperen, no irán a por la píldora del día después, por mucho que la ley se lo permita.
- Lo único preocupante de la ley es que piden dar los anticonceptivos sin receta, y ese es un medicamento muy fuerte para darlo sin prescripción. Si la niña tiene valor para entrar a pedirle esa píldora al farmacéutico, no le cuesta nada emplear ese valor en que la vea un médico.
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13 de mayo de 2009
Carta a Dani
Hola Dani,
Acabo de leer tu último post y casi lo estoy viendo como una provocación para que te escriba un post de respuesta. Si es así, lo has conseguido. Sabes que me encanta refutar argumentos sobre la religión, y me lo has puesto bastante fácil.
En este post, Dani, hablas de lo que se conoce en filosofía como "El problema del mal", o la paradoja de Epicuro, que refuta la existencia de un dios creador que pudiese ser al mismo tiempo omnipotente y benévolo. Una cita que lo resume:
Otra réplica fue la de que la existencia del mal es lo que nos permite disfrutar del bien. Si no existiese el mal no podríamos conocer el bien. El problema es que también sería perfecto no conocer el bien, si a cambio no conocemos el mal. Con esto quiero decir que a lo mejor Dios es malvado, y sólo permite la existencia del bien para que podamos sufrir en mayor medida (lo cual cuadraría más con la proporción de bien-mal que hay en el mundo).
En el siguiente punto te preguntas por qué muere y sufre la gente buena, pero sólo te respondes al problema de la muerte. Bueno, la muerte puede ser un premio, pero creo que hay formas mejores de premiar a alguien. La muerte no sólo es el fin del sufrimiento, sino también de toda la felicidad que hayas podido acumular.
La gente buena sufre porque no hay realmente una buena razón para que no lo haga. Igual que con el resto de seres vivos. No hay razones evolutivas para que la vida se alargue más de lo que ya se alarga. De hecho, ayuda a que haya un equilibrio entre los seres vivos y los recursos que consumen.
El "Argumento de la causa primera" proviene de Aristóteles, quien lo postuló como un "motor inmóvil". Ni siquiera se le ocurrió que pudiera ser consciente, pero cuando los místicos religiosos como Tomás de Aquino reinterpretaron sus escrituras, introdujeron ahí su ideal de Dios.
Este argumento, creo, lo refutó Stuart Mill con una sencilla pregunta: "¿Quién creó a Dios?". Si todo lo que existe debe tener una causa, ¿por qué no ha de tener Dios su propia causa? Ante la respuesta de que Dios "ha existido siempre" sólo queda darse cuenta de que todo lo demás también podría haber existido siempre.
Por último, dices que los científicos no tienen aún una causa exacta para el universo. Eso no es así, la tienen, pero se necesitan investigadores para conocer más detalles. Por ejemplo, la puesta en marcha del LHC servirá para conocer cómo se creó la materia durante el Big Bang, intentando encontrar el bosón de Higgs.
Poner además la Teoría del Big Bang a la altura del argumento de Tomás de Aquino es una burrada. El argumento de Tomás de Aquino no puede comprobarse empíricamente, pero la Teoría del Big Bang sí puede comprobarse.
La Teoría del Big Bang, como todas las teorías científicas, es mucho más que una simple teoría. Las teorías incluyen conjuntos de leyes físicas y de demostraciones teóricas y experimentales. El Big Bang es algo comprobado, lo cual se ha hecho de la siguiente forma: tomando la hipótesis de que la explosión del Big Bang fuese cierta y hubiese ocurrido, los cálculos teóricos indicaban que debería existir una cosa llamada "radiación de fondo". En "Una muy breve historia de casi todo", Bill Bryson cuenta que mientras los científicos andaban buscando esta radiación, unos técnicos les consultaron porque se encontraban, en sus telecomunicaciones, una interferencia que no podían eliminar. Dichos técnicos ganaron el premio Nobel por haber descubierto esta radiación de chiripa, y muchos dudan siquiera que comprendiesen lo que era y lo que significaba mientras recogían el premio. De hecho, comprobar que existe esta radiación es más fácil de lo que crees.
Es posible que nos equivoquemos, que algún día aparezcan evidencias que indiquen que la Teoría del Big Bang falla, como falló la Teoría de las Supercuerdas, pero una cosa es dudar si la Teoría del Big Bang es la que mejor explica la creación, y otra es creer en absurdos.
Encontrar el sentido de la vida es algo difícil y peligroso, sobre todo porque puede acabar siendo otra persona quien le encuentre a tu vida un sentido que sirva a sus propios beneficios.
Pienso que la gente se preocupa tanto de encontrar un sentido a la vida porque temen la respuesta que conocen: no hay ningún sentido; puedes hacer con tu vida lo que quieras. Yo me quedaré con esa respuesta. Tengo esa curiosa manía de negarme a creer en que algo exista hasta recibir alguna prueba factible de que así sea. Pero sin esa manía, ahora estaría buscando un unicornio que fuese capaz de llevarme hasta el final del arcoiris, donde descansa una marmita llena de monedas de oro custodiada por leprechauns.
Muchas gracias.
Acabo de leer tu último post y casi lo estoy viendo como una provocación para que te escriba un post de respuesta. Si es así, lo has conseguido. Sabes que me encanta refutar argumentos sobre la religión, y me lo has puesto bastante fácil.
En este post, Dani, hablas de lo que se conoce en filosofía como "El problema del mal", o la paradoja de Epicuro, que refuta la existencia de un dios creador que pudiese ser al mismo tiempo omnipotente y benévolo. Una cita que lo resume:
"¿Es que Dios quiere prevenir la maldad, pero no es capaz? Entonces sería impotente. ¿Es capaz, pero no desea hacerlo? Entonces sería malévolo. ¿Es capaz y desea hacerlo? ¿De donde surge entonces la maldad? ¿Es que no es capaz ni desea hacerlo? ¿Entonces por qué llamarlo Dios?"Muchos teólogos han tratado de resolver este problema, pero no lo han conseguido. Una de las primeras réplicas fue la del libre albedrío, pero con ella se escapan las catástrofes naturales, que no se producen por influencia humana directa.
Otra réplica fue la de que la existencia del mal es lo que nos permite disfrutar del bien. Si no existiese el mal no podríamos conocer el bien. El problema es que también sería perfecto no conocer el bien, si a cambio no conocemos el mal. Con esto quiero decir que a lo mejor Dios es malvado, y sólo permite la existencia del bien para que podamos sufrir en mayor medida (lo cual cuadraría más con la proporción de bien-mal que hay en el mundo).
En el siguiente punto te preguntas por qué muere y sufre la gente buena, pero sólo te respondes al problema de la muerte. Bueno, la muerte puede ser un premio, pero creo que hay formas mejores de premiar a alguien. La muerte no sólo es el fin del sufrimiento, sino también de toda la felicidad que hayas podido acumular.
La gente buena sufre porque no hay realmente una buena razón para que no lo haga. Igual que con el resto de seres vivos. No hay razones evolutivas para que la vida se alargue más de lo que ya se alarga. De hecho, ayuda a que haya un equilibrio entre los seres vivos y los recursos que consumen.
El "Argumento de la causa primera" proviene de Aristóteles, quien lo postuló como un "motor inmóvil". Ni siquiera se le ocurrió que pudiera ser consciente, pero cuando los místicos religiosos como Tomás de Aquino reinterpretaron sus escrituras, introdujeron ahí su ideal de Dios.
Este argumento, creo, lo refutó Stuart Mill con una sencilla pregunta: "¿Quién creó a Dios?". Si todo lo que existe debe tener una causa, ¿por qué no ha de tener Dios su propia causa? Ante la respuesta de que Dios "ha existido siempre" sólo queda darse cuenta de que todo lo demás también podría haber existido siempre.
Por último, dices que los científicos no tienen aún una causa exacta para el universo. Eso no es así, la tienen, pero se necesitan investigadores para conocer más detalles. Por ejemplo, la puesta en marcha del LHC servirá para conocer cómo se creó la materia durante el Big Bang, intentando encontrar el bosón de Higgs.
Poner además la Teoría del Big Bang a la altura del argumento de Tomás de Aquino es una burrada. El argumento de Tomás de Aquino no puede comprobarse empíricamente, pero la Teoría del Big Bang sí puede comprobarse.
La Teoría del Big Bang, como todas las teorías científicas, es mucho más que una simple teoría. Las teorías incluyen conjuntos de leyes físicas y de demostraciones teóricas y experimentales. El Big Bang es algo comprobado, lo cual se ha hecho de la siguiente forma: tomando la hipótesis de que la explosión del Big Bang fuese cierta y hubiese ocurrido, los cálculos teóricos indicaban que debería existir una cosa llamada "radiación de fondo". En "Una muy breve historia de casi todo", Bill Bryson cuenta que mientras los científicos andaban buscando esta radiación, unos técnicos les consultaron porque se encontraban, en sus telecomunicaciones, una interferencia que no podían eliminar. Dichos técnicos ganaron el premio Nobel por haber descubierto esta radiación de chiripa, y muchos dudan siquiera que comprendiesen lo que era y lo que significaba mientras recogían el premio. De hecho, comprobar que existe esta radiación es más fácil de lo que crees.
Es posible que nos equivoquemos, que algún día aparezcan evidencias que indiquen que la Teoría del Big Bang falla, como falló la Teoría de las Supercuerdas, pero una cosa es dudar si la Teoría del Big Bang es la que mejor explica la creación, y otra es creer en absurdos.
Encontrar el sentido de la vida es algo difícil y peligroso, sobre todo porque puede acabar siendo otra persona quien le encuentre a tu vida un sentido que sirva a sus propios beneficios.
Pienso que la gente se preocupa tanto de encontrar un sentido a la vida porque temen la respuesta que conocen: no hay ningún sentido; puedes hacer con tu vida lo que quieras. Yo me quedaré con esa respuesta. Tengo esa curiosa manía de negarme a creer en que algo exista hasta recibir alguna prueba factible de que así sea. Pero sin esa manía, ahora estaría buscando un unicornio que fuese capaz de llevarme hasta el final del arcoiris, donde descansa una marmita llena de monedas de oro custodiada por leprechauns.
Muchas gracias.
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10 de mayo de 2009
Daniel Dennet en TED
Me encantan las conferencias TED. Las TED (technology, entertainment, design) consisten en una serie de charlas que se realizan anualmente en California, en Monterrey. Los organizadores definen su objetivo como ideas worth spreading, es decir, ideas que merece la pena escuchar. En estas conferencias hemos oído hablar a personas como Bill Clinton, el premio Nobel James D. Watson, Al Gore, Bill Gates, o los genios de Google, Sergey Brin y Larry Page.
En una de estas conferencias apareció Daniel Dennet, que trató de explicar lo que es un meme, concepto acuñado por Dawkins en su libro "El gen egoísta" y que nada tiene que ver con los memes de Internet.
La memética no es algo nuevo. Muchos empiristas británicos teorizaron sobre cómo funcionan las ideas. Especialmente Hume en "Investigaciones sobre el conocimiento humano", o Locke en su "Ensayo sobre el entendimiento humano", aunque éstos se centraron principalmente en su origen y formación, sin profundizar demasiado en cómo funcionaba la difusión de las ideas, ni en cómo afectan éstas al comportamiento humano.
Podéis encontrar más de estas charlas subtituladas en español en TEDtalks.
En una de estas conferencias apareció Daniel Dennet, que trató de explicar lo que es un meme, concepto acuñado por Dawkins en su libro "El gen egoísta" y que nada tiene que ver con los memes de Internet.
La memética no es algo nuevo. Muchos empiristas británicos teorizaron sobre cómo funcionan las ideas. Especialmente Hume en "Investigaciones sobre el conocimiento humano", o Locke en su "Ensayo sobre el entendimiento humano", aunque éstos se centraron principalmente en su origen y formación, sin profundizar demasiado en cómo funcionaba la difusión de las ideas, ni en cómo afectan éstas al comportamiento humano.
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5 de mayo de 2009
La Biblioteca Nacional en Bubok (también Engendros)
A partir de hoy, la Biblioteca Nacional de España permitirá que todo su fondo documental esté disponible en Bubok, un portal dedicado a la venta de libros mediante la estrategia de la edición bajo demanda. Los libros pueden encargarse en pdf o mediante envío postal.Aprovechando que he conocido esta iniciativa, me he animado a colocar mi libro "Engendros" en este portal, permitiendo la descarga gratuita del libro. Si alguien quiere conseguir un ejemplar físico, también puede hacerlo por unos 9 euros (más barato que en la anterior edición).
El tener el libro en este formato me permite, además, corregir cualquier errata que se me hubiese podido escapar en relativamente poco tiempo.
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2 de mayo de 2009
Dame un beso, dime adiós
Mi propio cuerpo cuelga desnudo y rosado en la bóveda, como una estrella de mar que se hubiese pegado al techo del laboratorio. La luz que atraviesa la cristalera proyecta su gigantesca sombra sobre mí. Estoy inmóvil. El veneno no me deja moverme. “Bueno”, pienso, “no todo el mundo tiene el placer de observar a su propio clon. Me estoy viendo a mí mismo”.
Me ha engañado. Después de tanto perseguirla por ciudades y mundos, de escudriñar en cada de las asquerosas y gigantes rocas que pueblan nuestra galaxia, descubro que me ha engañado.
Hace quince años estuve casado con Alina. Entonces todo era diferente. Ella era una buena mujer, que decía estar enamorada de mí. Tuvimos un hijo. Nos hicimos una buena rutina. Me gustaba levantarme a su lado cada mañana. Exprimí toda la felicidad y seguridad que pude de esta situación. Mis experimentos para la prolongación del pensamiento humano a través de la máquina no iban por muy buen camino. Temía que algún día pudiésemos morir y perderlo todo.
Harlan estaba muy interesado en mis investigaciones. Sus androides habían conseguido ya emular y mejorar cada uno de los componentes de nuestro cuerpo biológico. Estaba especialmente orgulloso del diseño de los músculos, que podía multiplicar por cien veces la capacidad del ser humano. Aquellos monstruos que Harlan diseñaba tenían como función la de convertirse en nosotros mismos en el futuro. Lo único que quedaba por hacer era mejorar las fuentes de alimentación y centrarse en la función estética. La piel seguía pareciendo plástico.
Otro problema estaba en sus cerebros. Harlan nunca fue un buen programador. Sus máquinas, aunque perfectas desde el punto de vista de la ingeniería, no eran capaces de reproducir los entresijos del cerebro humano. Yo sí era capaz de hacerlo. El único problema era terminar de configurar el mecanismo para trasladar la mente a la máquina, o hacer una copia, o lo que fuese para escapar de la muerte y poder pasar la eternidad junto a Alina.
Fue la perfección de las máquinas de Harlan la que me hizo pensar en él como principal sospechoso después de que ocurriese todo. Cualquier avance científico puede usarse para las bondades más excelsas o para las maldades más despreciables. Las bombas atómicas nos enseñaron eso, cuando en el mismo siglo sirvieron para aniquilar a más de dos tercios de la raza humana por todo el planeta, y para abrirnos las puertas a la colonización de nuevos planetas. Sólo las letras son inocuas, y quizá por eso menos divertidas. La última vez que vi a Harlan no tenía brazos. Ni ojos, ni lengua. Vivía como un vagabundo en el satélite Europa, ayudado por unas sacerdotisas del New Age.
Cuando regresé del trabajo encontré la puerta convertida en astillas. Las paredes estaban llenas de golpes, como si hubiese habido un forcejeo. Me sobresaltó una de las lámparas del techo al caer. Caminaba absorto, incapaz de pensar en nada, como si aquella no fuese mi casa. Pero lo era. Entonces pensé en Alina y en mi hijo. Subí las escaleras y entré en su habitación. Allí estaba.
Mi hijo había quedado convertido en un líquido granate esparcido por toda una esquina de la habitación. Aquí había un trozo de costilla. Allí un poco de cabello. Sentí arcadas, mareos y temblores. Tuve que bajar al suelo y estallar en sollozos. Llorar como había llorado mi niño. Mientras las lágrimas se mezclaban con la sangre, juré venganza.
Siempre pensé que Alina había sido secuestrada. Quince años he pasado explorando mundos, desde gigantescas bolas de gas a pequeños planetoides sin fuerza para mantener un simple guijarro pegado a su superficie. He atravesado desiertos a velocidades cercanas a la de la luz, he descendido al mismísimo centro de los gigantes de hielo de Andrómeda y contemplado con mis propios ojos las gargantuescas llamas de las estrellas de Orión. No aparecía por ninguna parte.
Fue en la constelación Pegaso donde encontré su laboratorio, ubicado en una plataforma sobre los embravecidos mares del planeta Osiris. Tenía la forma de una enorme catedral, como las de aquellas religiones que desaparecieron de la Tierra largo tiempo atrás. Por todas partes se encontraban piezas mecánicas sueltas, pilas de documentos, armarios repletos de compuestos químicos y pizarras llenas de oscuras y familiares fórmulas matemáticas.
Alina apareció de repente y pareció quedarse sorprendida. No me esperaba, pero en cuanto me reconoció, saltó por encima de varias cubetas y se lanzó para deleitarme con un largo y fuerte abrazo. Por un momento sentí que toda mi búsqueda había merecido la pena.
- ¿Qué es lo que ocurrió? ¿Cómo has llegado a este lugar? –le pregunté.
- No pude reconocer quién nos atacó. Fue una de esas grandes máquinas. Creí que estaba todo perdido. Entré en pánico y tuve que escapar, así que me refugié aquí. He estado estudiando y he continuado con algunas de tus investigaciones. Quería alcanzar la inmortalidad para asegurarme de poder encontrarte algún día. No quería morir sin poder verte de nuevo. ¡Estoy segura de haberlo conseguido! No sólo podemos transferir la mente humana a los androides, sino que también podemos incluir variaciones. La humanidad será ahora capaz de ser exactamente lo que quiera ser. Eliminaremos todo lo que no nos gusta y conservaremos lo mejor para siempre. Espera aquí, siéntate, voy a traerte el boceto del proyecto. Sólo queda resolver un par problemas.
Lágrimas de felicidad empezaban a humedecer mis mejillas. Este encuentro era aquello por lo que llevaba tanto tiempo luchando. Me sentó en su escritorio y entró en una de las habitaciones. Regresó al poco rato. Llevaba varios papeles atados con hilo que puso en mis manos. Eché un vistazo a los dibujos y a los números que los ilustraban.
- Cariño, ¡esto es fabuloso! No puedo encontrar un solo error. Gracias a esto podremos vivir por...
Interrumpió mis palabras acercando sus labios a los míos y dulcificándolos con un suave beso. Nuestras miradas se encontraron durante largo rato, sonriendo. Entonces noté ese sabor en mi lengua. Era mipartito. En pequeñas dosis, sabe igual que la vaselina, pero su toxicidad es enorme. Una sola gota produce una parálisis total e instantánea que dura veinte horas y puede resultar irreversible.
Había sellado mi destino con un último beso. No comprendía nada de lo que pasaba hasta que caí al suelo y pude mirar al techo. Alina no había realizado todo ese trabajo para vivir eternamente. Lo había hecho para cambiarme, para eliminar cada una de esos pequeños defectos que todos los hombres tenemos, para rehacerme a su antojo, y crear un compañero perfecto e ideal que se quedase con ella por siempre. Por eso había matado a nuestro hijo, por eso había huido, y por eso intentaba matarme ahora. Quería empezar de nuevo, invocando la perfección en los miembros de su nueva familia, que la acompañaría de ahora en adelante, por toda la eternidad.
En el fondo se equivocaba. Yo había visto cobrar vida a los androides de Harlan con mentes de animales. Les había visto moverse y conservar todos y cada uno de sus recuerdos e instintos, pero siempre les faltaba algo. Aquellos ojos de nácar coloreado no eran más que burdas copias, nunca podrían ser capaces de transmitir el calor de cualquier ser vivo. Lo haga como lo haga, en el momento en el que este cuerpo desaparezca y sea reemplazado por la máquina, nunca volverá a ser el mismo. Los androides siempre estuvieron como una garantía, para ser usados en caso de que no hubiese otro remedio.
Al hacerme inmortal desapareceré, pero Alina ha trabajado mucho como para negarle el intento. Sólo temo que, tras todo esto, no consiga ser realmente feliz.
- Estoy en tus manos, Alina -pienso.
Dame un beso, te lo has ganado. Dame un beso y dime adiós.
***
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Me ha engañado. Después de tanto perseguirla por ciudades y mundos, de escudriñar en cada de las asquerosas y gigantes rocas que pueblan nuestra galaxia, descubro que me ha engañado.
Hace quince años estuve casado con Alina. Entonces todo era diferente. Ella era una buena mujer, que decía estar enamorada de mí. Tuvimos un hijo. Nos hicimos una buena rutina. Me gustaba levantarme a su lado cada mañana. Exprimí toda la felicidad y seguridad que pude de esta situación. Mis experimentos para la prolongación del pensamiento humano a través de la máquina no iban por muy buen camino. Temía que algún día pudiésemos morir y perderlo todo.
Harlan estaba muy interesado en mis investigaciones. Sus androides habían conseguido ya emular y mejorar cada uno de los componentes de nuestro cuerpo biológico. Estaba especialmente orgulloso del diseño de los músculos, que podía multiplicar por cien veces la capacidad del ser humano. Aquellos monstruos que Harlan diseñaba tenían como función la de convertirse en nosotros mismos en el futuro. Lo único que quedaba por hacer era mejorar las fuentes de alimentación y centrarse en la función estética. La piel seguía pareciendo plástico.
Otro problema estaba en sus cerebros. Harlan nunca fue un buen programador. Sus máquinas, aunque perfectas desde el punto de vista de la ingeniería, no eran capaces de reproducir los entresijos del cerebro humano. Yo sí era capaz de hacerlo. El único problema era terminar de configurar el mecanismo para trasladar la mente a la máquina, o hacer una copia, o lo que fuese para escapar de la muerte y poder pasar la eternidad junto a Alina.
Fue la perfección de las máquinas de Harlan la que me hizo pensar en él como principal sospechoso después de que ocurriese todo. Cualquier avance científico puede usarse para las bondades más excelsas o para las maldades más despreciables. Las bombas atómicas nos enseñaron eso, cuando en el mismo siglo sirvieron para aniquilar a más de dos tercios de la raza humana por todo el planeta, y para abrirnos las puertas a la colonización de nuevos planetas. Sólo las letras son inocuas, y quizá por eso menos divertidas. La última vez que vi a Harlan no tenía brazos. Ni ojos, ni lengua. Vivía como un vagabundo en el satélite Europa, ayudado por unas sacerdotisas del New Age.
Cuando regresé del trabajo encontré la puerta convertida en astillas. Las paredes estaban llenas de golpes, como si hubiese habido un forcejeo. Me sobresaltó una de las lámparas del techo al caer. Caminaba absorto, incapaz de pensar en nada, como si aquella no fuese mi casa. Pero lo era. Entonces pensé en Alina y en mi hijo. Subí las escaleras y entré en su habitación. Allí estaba.
Mi hijo había quedado convertido en un líquido granate esparcido por toda una esquina de la habitación. Aquí había un trozo de costilla. Allí un poco de cabello. Sentí arcadas, mareos y temblores. Tuve que bajar al suelo y estallar en sollozos. Llorar como había llorado mi niño. Mientras las lágrimas se mezclaban con la sangre, juré venganza.
Siempre pensé que Alina había sido secuestrada. Quince años he pasado explorando mundos, desde gigantescas bolas de gas a pequeños planetoides sin fuerza para mantener un simple guijarro pegado a su superficie. He atravesado desiertos a velocidades cercanas a la de la luz, he descendido al mismísimo centro de los gigantes de hielo de Andrómeda y contemplado con mis propios ojos las gargantuescas llamas de las estrellas de Orión. No aparecía por ninguna parte.
Fue en la constelación Pegaso donde encontré su laboratorio, ubicado en una plataforma sobre los embravecidos mares del planeta Osiris. Tenía la forma de una enorme catedral, como las de aquellas religiones que desaparecieron de la Tierra largo tiempo atrás. Por todas partes se encontraban piezas mecánicas sueltas, pilas de documentos, armarios repletos de compuestos químicos y pizarras llenas de oscuras y familiares fórmulas matemáticas.
Alina apareció de repente y pareció quedarse sorprendida. No me esperaba, pero en cuanto me reconoció, saltó por encima de varias cubetas y se lanzó para deleitarme con un largo y fuerte abrazo. Por un momento sentí que toda mi búsqueda había merecido la pena.
- ¿Qué es lo que ocurrió? ¿Cómo has llegado a este lugar? –le pregunté.
- No pude reconocer quién nos atacó. Fue una de esas grandes máquinas. Creí que estaba todo perdido. Entré en pánico y tuve que escapar, así que me refugié aquí. He estado estudiando y he continuado con algunas de tus investigaciones. Quería alcanzar la inmortalidad para asegurarme de poder encontrarte algún día. No quería morir sin poder verte de nuevo. ¡Estoy segura de haberlo conseguido! No sólo podemos transferir la mente humana a los androides, sino que también podemos incluir variaciones. La humanidad será ahora capaz de ser exactamente lo que quiera ser. Eliminaremos todo lo que no nos gusta y conservaremos lo mejor para siempre. Espera aquí, siéntate, voy a traerte el boceto del proyecto. Sólo queda resolver un par problemas.
Lágrimas de felicidad empezaban a humedecer mis mejillas. Este encuentro era aquello por lo que llevaba tanto tiempo luchando. Me sentó en su escritorio y entró en una de las habitaciones. Regresó al poco rato. Llevaba varios papeles atados con hilo que puso en mis manos. Eché un vistazo a los dibujos y a los números que los ilustraban.
- Cariño, ¡esto es fabuloso! No puedo encontrar un solo error. Gracias a esto podremos vivir por...
Interrumpió mis palabras acercando sus labios a los míos y dulcificándolos con un suave beso. Nuestras miradas se encontraron durante largo rato, sonriendo. Entonces noté ese sabor en mi lengua. Era mipartito. En pequeñas dosis, sabe igual que la vaselina, pero su toxicidad es enorme. Una sola gota produce una parálisis total e instantánea que dura veinte horas y puede resultar irreversible.
Había sellado mi destino con un último beso. No comprendía nada de lo que pasaba hasta que caí al suelo y pude mirar al techo. Alina no había realizado todo ese trabajo para vivir eternamente. Lo había hecho para cambiarme, para eliminar cada una de esos pequeños defectos que todos los hombres tenemos, para rehacerme a su antojo, y crear un compañero perfecto e ideal que se quedase con ella por siempre. Por eso había matado a nuestro hijo, por eso había huido, y por eso intentaba matarme ahora. Quería empezar de nuevo, invocando la perfección en los miembros de su nueva familia, que la acompañaría de ahora en adelante, por toda la eternidad.
En el fondo se equivocaba. Yo había visto cobrar vida a los androides de Harlan con mentes de animales. Les había visto moverse y conservar todos y cada uno de sus recuerdos e instintos, pero siempre les faltaba algo. Aquellos ojos de nácar coloreado no eran más que burdas copias, nunca podrían ser capaces de transmitir el calor de cualquier ser vivo. Lo haga como lo haga, en el momento en el que este cuerpo desaparezca y sea reemplazado por la máquina, nunca volverá a ser el mismo. Los androides siempre estuvieron como una garantía, para ser usados en caso de que no hubiese otro remedio.
Al hacerme inmortal desapareceré, pero Alina ha trabajado mucho como para negarle el intento. Sólo temo que, tras todo esto, no consiga ser realmente feliz.
- Estoy en tus manos, Alina -pienso.
Dame un beso, te lo has ganado. Dame un beso y dime adiós.
***
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