Este cuento me lo he inventado yo solita. Va sobre la bruja que perdió su corazón. ¡Atiende! Es importante. Todo es importante.
Siguiendo el camino que sale de mi pueblo se llega a la montaña. Está muy lejos, es muy alta, y siempre está nevando. Incluso en verano. En lo más profundo del bosque de la montaña está la cabaña de la bruja.
Nadie sabe su nombre.
La cabaña es de madera y tiene muy pocas ventanas. Algunas habitaciones se quedan siempre a oscuras. Pero la bruja nunca tropieza porque es muy lista y se conoce su casa. También se la conocen su hija y un perro que tienen domesticado.
Un día que la bruja estaba distraída con cosas mágicas, el perro que tienen domesticado saltó sobre la mesa y le robó el corazón a la bruja. Se lo llevó a una cueva en lo más alto de la montaña y lo dejó guardado por unos lobos blancos que son fantasmas para que nadie lo encontrase.
La bruja no tenía miedo de ir a buscarlo porque no tenía corazón, pero no quería que los lobos le comiesen el alma. Le dijo a su hija que saliese a por él, pero la hija sí tenía corazón y tenía miedo. Pero lo que no sabía era que si la bruja había sido mala sin corazón, ahora iba a ser peor. Y pegaba y castigaba a su hija todos los días para que hiciese las cosas más rápido. Que si tráeme la sopa, que si limpia esa ventana, que si frótame los pies que tengo frío.
Todas las noches de luna llena la bruja se sentaba junto a la ventana y miraba en lo oscuro del bosque, por si volvía el perro que tienen domesticado con su corazón. Una noche podía aparecer un búho.
- ¡Vete! ¡Fus! –le gritaba la bruja.
Y el búho se iba. Otra noche podía aparecer un zorro.
- ¡Vete! ¡Fus! –le gritaba la bruja.
Y el zorro se iba. Otra noche podía aparecer un águila.
- ¡Vete! ¡Fus! –le gritaba la bruja.
Y el águila se iba.
Antes de acostarse, la bruja se ponía junto al fuego a susurrar palabras que se iba inventando por el camino, y la hija se acurrucaba en su regazo porque le gustaba el olor a canela y fruta podrida que despedían las tetas de la bruja.
- ¿Me quieres? –preguntó la hija.
- Me das calor.
- ¿Pero me quieres?
- No tengo corazón.
Y la niña comprendió.
Por la mañana se echó encima todas las pieles que tenía y se fue a la montaña. Iba de día porque de día los fantasmas no dan tanto miedo. Los pies se le hundían con crujidos en la nieve, y los ojos le lloraban un poco por el frío que hacía. Cuando llegó a lo alto de la montaña se encontró con los lobos blancos que son fantasmas. Sabía que eran los lobos blancos que son fantasmas porque le daban mucho miedo.
- No puedes pasar –dijeron los lobos blancos.
- Vengo a coger una cosa –respondió la niña.
- Necesitas un salvoconducto.
La niña dijo que se portaría bien y que no haría nada malo, pero los lobos respondieron: “Vete. Ahora. Te estamos dejando viva porque eres pequeñita”. La niña se quedó perdida en el bosque y se refugió en un árbol seco. Tenía tanto frío que se durmió. Soñó con un palacio en el que ella era la reina. Todos los habitantes tenían corazón pero no cabeza, y ella como sí tenía cabeza era la reina. Pero aparecía un murciégalo muy feo que le decía que ella no podía ser la reina o le saldrían dos cabezas y se despertó asustada. Se había hecho de noche.
La hija de la bruja salió del árbol y volvió con los lobos blancos que son fantasmas, aunque sabía que no la dejarían pasar. Pero cuando llegó los lobos se apartaron y le dijeron que tenía el salvoconducto y que estaba bien que entrase. La cueva estaba oscura, húmeda y fría, y el corazón de la bruja esperaba en un agujerito en el suelo.
La niña cogió el corazón y se lo guardó bajo el vestido, pero al salir de la cueva no se encontró a los lobos, sino al perro que tenían domesticado, y que durante tanto tiempo viviendo solo se había convertido en un bruto y un salvaje. El perro quiso quitarle el corazón a la niña, pero como era un salvaje y un bruto la mordió sin querer en el cuello y la mató.
Así que en una noche que ni siquiera era de luna llena, un hombre con cara de perro llamó a la puerta de la cabaña de la bruja. Tenía el cadáver de la niña entre los brazos. La bruja observó su cuerpo, lo cogió y gritó:
- ¡Bien! ¡Ya tengo corazón!
Y la bruja se sintió más feliz que nunca porque ya no necesitaba su corazón.
Si lo lees una segunda vez, es el relato de un hombre al que han hecho daño emocionalmente, que responde volviéndose una roca sin sentimientos, y que luego se recupera tras enfrentarse a sus miedos, aunque nunca vuelve a ser el mismo xD
ResponderSuprimirEsto lo escribiste hace mucho tiempo.
ResponderSuprimirPero no así. Lo he reescrito quitándole algunas partes que sobraban y corrigiendo un poco el tono.
ResponderSuprimirhaces como yo, cambiar un poco las cosas que ya teniamos. aunque se echaban de menos tus relatos, hacia tiempo que no publicabas tantos relatos. se te echa de menos.
ResponderSuprimir¿A qué cosas te refieres? Le he pegado una patada tan fuerte a mi pasado que debe andar mareado en alguna esquina xD Prácticamente todo lo que hago es nuevo, experimentando con recursos y estilos, e incluso haciendo algunas cosas que antes odiaba cuando las leía en otros. Publico tanto porque este año, escribir literatura es mi ocupación principal.
ResponderSuprimirMe referia a eso, coger "cosas", cualquier cosa, un relato, un poema, una cancion, cambiarle la letra, o modificarlo un poco para actualizarlo a nuestra nueva forma d pensar. No deberias haberle dado una patada a tu pasado tan tan tan fuerte, pk seguro k si k anda mareado xD de todas formas has reciclado un relato viejo. no eres caso perdido aun.
ResponderSuprimirMe he dado cuenta de k escribes cosas muy extrañas ultimamente, de donde sacas esas ideas? escribes sobre sueños que has tenido?
ResponderSuprimirLo reciclé por falta de tiempo, sin cariño ni nostalgia, para demostrar una cosilla, y habría preferido escribir uno desde cero. No echo de menos absolutamente nada de mi pasado y prefiero mirar hacia delante.
ResponderSuprimirLe tendría que dedicar una entrada entera a contar cuál es mi método para sacar ideas. No, nunca escribo sobre sueños.
Que cosilla querias demostrar?
ResponderSuprimirNo echas de menos ni la persona que eras? Es una pena que alguien cariñoso por naturaleza deje de serlo. Es una pena que te hayas convertido en una fría roca.
Nada que nos puedas contar sobre de donde sacas las ideas?
Cierto. Alguien como tu no debería tener miedo a sentir. Se nota en tu escribir. Falta algo que te caracterizaba. Al fin y al cabo tus sentimientos siempre han estado "a flor de piel". ya no.
ResponderSuprimirNo echo de menos nada de lo que era porque ahora soy feliz y me siento más realizado. Y no soy una fría roca ni tengo miedo a sentir.
ResponderSuprimirUna compañera me dijo que escribía como escritor y no como persona, y este arreglo era para demostrar de que sé escribir menos elaborado.
Para las ideas me orquesto una sobredosis de información sensorial, aunque sólo cuando realmente me veo en problemas. No lo puedo explicar a la ligera. Sonaría como el método Ludovico, pero sin la parte traumática.
demostrar de que... se puede decir asi? O_o
ResponderSuprimirdemuestra DE lo que eres capaz!!! xD
Que tal por Madrid, vienes los findes no?
Sabado fiesta en Botellon!! jaja, cerveza gratis.
Fernando va.
Bueno, muy buen relato.
"DemostrarLE que..." xDD
ResponderSuprimirEste finde estoy en Madrid. Ya creo que no vuelvo hasta nochebuena.