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Monzogo nº 37
31 de enero de 2010
29 de enero de 2010
Factual no se vende, se compra

Hace dos meses nació un viral: el periodismo no se vende, el periodismo se compra. Era la declaración de intenciones de un nuevo periódico digital, dirigido por Arcadi Espada. La suscripción anual costaría 50€, y permitiría acceso a contenidos especiales.
AL final esa declaración ha tenido más verdad de la debida, porque a dos meses del nacimiento de Factual, Arcadi Espada dimite, y con él han echado a media redacción. Espada se va por discrepancias con la empresa editora: "Las razones se resumen en dos: el recorte que pretende aplicar la empresa al presupuesto de funcionamiento y sus discrepancias con el modelo y la orientación del periódico". "Todo aquel que invierte su dinero en un negocio tiene derecho a ejercer su control sobre él", continúa, tanto derecho como un periodista a mantenerse íntegro.
Este es el último ejemplar de Factual que llevará mi firma. Las razones se resumen en dos: el recorte que pretende aplicar la empresa al presupuesto de funcionamiento y sus discrepancias con el modelo y la orientación del periódico. Todo aquel que invierte su dinero en un negocio tiene derecho a ejercer su control sobre él. Del mismo modo también lo tengo yo a proteger el sentido de un modelo periodístico en el que he trabajado durante los dos últimos años. Este tiempo impide que Factual pueda ser considerada una breve experiencia personal.La empresa quiere continuar con el proyecto, para mantener su "compromiso con los lectores", pero han puesto como nuevo director a Juan Carlos Girauta, que es colaborador de Libertad Digital y Cadena COPE. Esto puede convertirse en un cambio radical de la línea del periódico, además de que han decidido echar a la mitad de la redacción, quedándose tan sólo con 6 o 7 personas. Lo justo para traducir notas de prensa, parece.
La subdirectora, Cristina Fallarás, que se ocupaba además de hacer una crónica diaria del funcionamiento del periódico, ha ido actualizando su Twitter esta mañana con el seguimiento del despido general. Un señor inquietante, un cheque, y a otras cosas.
Suscribirse a Factual era una inversión arriesgada. Por eso no lo hice en su momento, porque no se sabía si el periódico, como negocio, superaría el primer año, que es en el que la mayoría de proyectos fracasan. Lo único que se puede decir es que, al menos, no ha cerrado del todo, pero su línea editorial está cambiada y su plantilla mermada. El Factual que tienen ahora sus suscriptores no es el Factual por el que pagaron, y dudo que se les ofrezca opción a reembolso.
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27 de enero de 2010
Las aventuras del pequeño Cthulu
¿Quieres una forma de introducir a tus hijos en las tradiciones del Viejo Culto? ¡Conoce al Pequeño Cthulhu, que vive en la mágica ciudad de R'lyeh con todos sus amigos, mientras tus hijos se enmbarcan en un divertido y educativo viaje a través del mundo de los Primigenios, conociendo todo tipo de nuevos amigos del Necronomicón a lo largo del camino! De Azathoth a Yog-Sototh. Estas series han ganado múltiples premios y han sido aprobados de forma entusiasta por el departamento de desarrollo psicológico infantil de la universidad de Miskatonic.
descripción de HaploSchafer
26 de enero de 2010
Blusa al sol reluciendo
Me dices que se acabó, que no tiene futuro,
que ya no hay sentido en seguir, dices,
y haces un esfuerzo y me sonríes,
con sonrisa falsa, fingida y desesperada
"¿Y qué pasa si te digo que aún te amo?,"
le pregunto, "¿que sigo enamorado?
¿Qué pasa si te digo que jamás
encontraré a otra en ningún lado?
¿Qué pasa si te digo que eres única,
perfecta para mí, hecha a medida,
y en todo el mundo jamás conseguiría
encontrarte un reemplazo?
¿Qué pasa si nunca lo supero
y el corazón se me oscurece y endurece
en las noches frías de las tabernas
y los cantos borrachos de los olvidados?
¿Qué pasa si te digo que ésta no sería
otra ruptura más, que no habría reconciliación,
aunque pensara en ti cada vez
que mi pecho se hinchase al respirar?
¿Qué pasa si te digo que quizá
tú no encuentres a otro,
y si arrepentida vuelves
ya no existirá
tu antiguo novio?
¿Que pasa si todo esto es sincero,
si realmente me hundo en la condenación que temo
si realmente eres la única que hay para mí en el mundo
y realmente pudieses escapar conmigo de un horrible futuro?"
"Igual te dejaría".
Y te vas, acompañada del viento,
con la blusa al sol reluciendo
y una falsa sonrisa desesperada.
que ya no hay sentido en seguir, dices,
y haces un esfuerzo y me sonríes,
con sonrisa falsa, fingida y desesperada
"¿Y qué pasa si te digo que aún te amo?,"
le pregunto, "¿que sigo enamorado?
¿Qué pasa si te digo que jamás
encontraré a otra en ningún lado?
¿Qué pasa si te digo que eres única,
perfecta para mí, hecha a medida,
y en todo el mundo jamás conseguiría
encontrarte un reemplazo?
¿Qué pasa si nunca lo supero
y el corazón se me oscurece y endurece
en las noches frías de las tabernas
y los cantos borrachos de los olvidados?
¿Qué pasa si te digo que ésta no sería
otra ruptura más, que no habría reconciliación,
aunque pensara en ti cada vez
que mi pecho se hinchase al respirar?
¿Qué pasa si te digo que quizá
tú no encuentres a otro,
y si arrepentida vuelves
ya no existirá
tu antiguo novio?
¿Que pasa si todo esto es sincero,
si realmente me hundo en la condenación que temo
si realmente eres la única que hay para mí en el mundo
y realmente pudieses escapar conmigo de un horrible futuro?"
"Igual te dejaría".
Y te vas, acompañada del viento,
con la blusa al sol reluciendo
y una falsa sonrisa desesperada.
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24 de enero de 2010
Le intentan expulsar durante un año por criticar al CEUM
La UMU intenta expulsar al estudiante José Mateos durante un año debido a las críticas que virtió repetidamente ante dudosas acciones del Consejo de Estudiantes
El Consejo de Estudiantes de la Universidad de Murcia (en adelante, CEUM), organizó en diciembre de 2008 unas jornadas de representación estudiantil. Estas jornadas se venían realizando desde hacía años en albergues de poco precio, pero con la presidencia de Germán Teruel, este gasto se disparó. Eligieron para realizarlas el Hotel Don Juan de Águilas, de cuatro estrellas, gastándose en la actividad cerca de 12.000 euros, como quedó registrado en los registros económicos de la universidad. Las jornadas podrían haberse celebrado en el paraninfo de la universidad con un gasto casi nulo, ya que en él se poseen todas las infraestructuras necesarias. El resultado de las jornadas fue el despilfarro de la subvención recibida para realizarlas, lo que habría reducido el presupuesto del resto de actividades a las que estaba destinada: elaborar un plan de información sobre Bolonia y editar un número de la revista UMUprisma.
Cabe destacar que desde el CEUM no hubo oposiciones oficiales frente al avance del plan Bolonia, pese a la movilización que se pudo observar en otras universidades del país. De hecho, se organizaron charlas de concienciación en las que se ensalzaron las bondades de este plan, en las que no se dejaron escuchar voces contrarias. Pese a varias peticiones, el CEUM también se negó a organizar un referéndum para conocer la opinión de los estudiantes sobre el tema: defendieron la postura del rectorado de implantar el plan incondicionalmente y en el menor tiempo posible.
Para terminar, el presidente de la comisión de infraestructuras del CEUM, Damián Serrano Martínez, grabó sin su consentimiento a un empleado de la UMU, deficiente psíquico, con intención de burlarse de él. El video de su burla se hizo público en el portal YouTube, del que fué más tarde retirado por el mismo Damián, al enterarse de la ilegalidad de sus actos. Se ha mostrado más tarde culpable de los hechos y ha expresado su arrepentimiento. Informada del caso la cúpula del CEUM, no se tomó la más mínima medida contra él, ni se le exigieron responsabilidades de ningún tipo.
El alumno José Mateos Martínez, estudiante de doctorado, ha venido denunciando estos hechos los últimos años, ya sea mediante eventos en Tuenti o mediante discusiones en el foro que administra (Tribuna del Jurista). Hace poco se presentó ante el rectorado una denuncia por verter expresiones altamente injuriosas contra este órgano, considerando como tales "cueva de ladrones", "títeres y titiriteros, capos y subcapos, mentes maquiavélicas y peleles cegados por la ambición", "su naturaleza servil y traidora" o "estos sicarios del poder, estos canallas, esta mafia que apuñala por la espalda los sueños de los universitarios". Durante el proceso, se le ha negado a José Mateos la petición de prueba propuesta (documentación relativa a la financiación de las jornadas antes mencionadas) y se le ha aplicado un reglamento de 1954. En la propuesta de resolución no se cuestiona la veracidad o no de las acusaciones, sino que se centra en si fue correcta la forma en que sus críticas y valoraciones fueron expresadas, resolviéndose en el caso contrario y aplicándose un expediente académico acompañado de la pena de doce meses de expulsión de la universidad, lo que incluye la pérdida de matrícula. Agrava el caso el que las declaraciones se produjesen con clara intención despectiva, con ánimo de ampliar en todo lo posible su difusión, y con repetición constante.
Esta cuestión, junto a una recolección de firmas en la web para evitar su expulsión, ha llegado a portada de páginas como A las barricadas o Kaos en la red, en las que se remarca la injusticia de que un alumno sea expulsado en el ejercicio de criticar acciones que consideraba inapropiadas para su universidad.
El Consejo de Estudiantes de la Universidad de Murcia (en adelante, CEUM), organizó en diciembre de 2008 unas jornadas de representación estudiantil. Estas jornadas se venían realizando desde hacía años en albergues de poco precio, pero con la presidencia de Germán Teruel, este gasto se disparó. Eligieron para realizarlas el Hotel Don Juan de Águilas, de cuatro estrellas, gastándose en la actividad cerca de 12.000 euros, como quedó registrado en los registros económicos de la universidad. Las jornadas podrían haberse celebrado en el paraninfo de la universidad con un gasto casi nulo, ya que en él se poseen todas las infraestructuras necesarias. El resultado de las jornadas fue el despilfarro de la subvención recibida para realizarlas, lo que habría reducido el presupuesto del resto de actividades a las que estaba destinada: elaborar un plan de información sobre Bolonia y editar un número de la revista UMUprisma.Cabe destacar que desde el CEUM no hubo oposiciones oficiales frente al avance del plan Bolonia, pese a la movilización que se pudo observar en otras universidades del país. De hecho, se organizaron charlas de concienciación en las que se ensalzaron las bondades de este plan, en las que no se dejaron escuchar voces contrarias. Pese a varias peticiones, el CEUM también se negó a organizar un referéndum para conocer la opinión de los estudiantes sobre el tema: defendieron la postura del rectorado de implantar el plan incondicionalmente y en el menor tiempo posible.
Para terminar, el presidente de la comisión de infraestructuras del CEUM, Damián Serrano Martínez, grabó sin su consentimiento a un empleado de la UMU, deficiente psíquico, con intención de burlarse de él. El video de su burla se hizo público en el portal YouTube, del que fué más tarde retirado por el mismo Damián, al enterarse de la ilegalidad de sus actos. Se ha mostrado más tarde culpable de los hechos y ha expresado su arrepentimiento. Informada del caso la cúpula del CEUM, no se tomó la más mínima medida contra él, ni se le exigieron responsabilidades de ningún tipo.
El alumno José Mateos Martínez, estudiante de doctorado, ha venido denunciando estos hechos los últimos años, ya sea mediante eventos en Tuenti o mediante discusiones en el foro que administra (Tribuna del Jurista). Hace poco se presentó ante el rectorado una denuncia por verter expresiones altamente injuriosas contra este órgano, considerando como tales "cueva de ladrones", "títeres y titiriteros, capos y subcapos, mentes maquiavélicas y peleles cegados por la ambición", "su naturaleza servil y traidora" o "estos sicarios del poder, estos canallas, esta mafia que apuñala por la espalda los sueños de los universitarios". Durante el proceso, se le ha negado a José Mateos la petición de prueba propuesta (documentación relativa a la financiación de las jornadas antes mencionadas) y se le ha aplicado un reglamento de 1954. En la propuesta de resolución no se cuestiona la veracidad o no de las acusaciones, sino que se centra en si fue correcta la forma en que sus críticas y valoraciones fueron expresadas, resolviéndose en el caso contrario y aplicándose un expediente académico acompañado de la pena de doce meses de expulsión de la universidad, lo que incluye la pérdida de matrícula. Agrava el caso el que las declaraciones se produjesen con clara intención despectiva, con ánimo de ampliar en todo lo posible su difusión, y con repetición constante.
Esta cuestión, junto a una recolección de firmas en la web para evitar su expulsión, ha llegado a portada de páginas como A las barricadas o Kaos en la red, en las que se remarca la injusticia de que un alumno sea expulsado en el ejercicio de criticar acciones que consideraba inapropiadas para su universidad.
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22 de enero de 2010
Entrevista a Juan Díaz (Audio)
Una entrevista que le he hecho a Juanchi estos días:
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18 de enero de 2010
Por qué no debemos leer el Quijote
No, leer no es divertido. No, leer no es beneficioso para los intereses que lentamente han ido creando en ti. Leer es difícil. Leer cuesta trabajo. Y la mayoría de las veces no es nada gratificante. En ciertas ocasiones es doloroso. Hay momentos en que las palabras impresas parecen clavarse como cuchillos en las pupilas y en el corazón. Pero ellos insisten con la misma cantinela. Lentamente, para que la realidad se adapte a sus pifias, han ido desterrando de tus aulas los libros más peligrosos, aquellos que te pueden quitar el velo de la mirada, y los han sustituido por otros mucho más inocuos...
Carta a un alumno de Bachillerato o por qué no debemos leer El Quijote, en Deseducativos.
Cuando yo estuve estudiando el Bachillerato me sorprendió bastante que los profesores no nos mandasen leer ninguno de los libros que estábamos estudiando. Creo que fui de los pocos que se buscó los libros por su cuenta, y me devoré El Quijote, El lazarillo de Tormes, El Buscón y unos cuantos más. En cierto modo creo que eso hizo los libros más interesantes, pues sabía que ni era ninguna obligación ni tenía un tiempo determinado para acabarlos. Incluso podía dejar de leerlos cuando quisiese, como me pasó con el Amadís de Gaula: fui incapaz de soportar apenas un cuarto del libro, y gracias a eso comprendí por qué Cervantes los había criticado tanto.
Carta a un alumno de Bachillerato o por qué no debemos leer El Quijote, en Deseducativos.
Cuando yo estuve estudiando el Bachillerato me sorprendió bastante que los profesores no nos mandasen leer ninguno de los libros que estábamos estudiando. Creo que fui de los pocos que se buscó los libros por su cuenta, y me devoré El Quijote, El lazarillo de Tormes, El Buscón y unos cuantos más. En cierto modo creo que eso hizo los libros más interesantes, pues sabía que ni era ninguna obligación ni tenía un tiempo determinado para acabarlos. Incluso podía dejar de leerlos cuando quisiese, como me pasó con el Amadís de Gaula: fui incapaz de soportar apenas un cuarto del libro, y gracias a eso comprendí por qué Cervantes los había criticado tanto.
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17 de enero de 2010
16 de enero de 2010
Le detienen por llamarse Ramoncín [HUMOR]
Por haberse referido a sí mismo en público como Ramoncín, se enfrenta ahora a penas de cárcel y multas de hasta 3.000€
La vida del agricultor es dura. Aquel día, Ramón Augusto Delano se levantó en una pequeña casita de la huerta murciana, cerca de una localidad llamada Los Ventorrillos, y salió al campo a supervisar el trabajo que estaban realizando sus inmigrantes ilegales. La mañana transcurría con tranquilidad cuando dos siluetas oscuras aparecieron en el horizonte. A Ramoncín se le cayó el látigo del susto. Venían trajeados, de punta en blanco y con sendos maletines. Venían en pasado, porque el lustre se les gastó cuando intentaron atajar por un campo de pimientos recién abonado. Se acercaron, se aclararon la voz y le notificaron que debía acompañarles a comisaría y dejarles revisar el disco duro de su ordenador. "Acho, yo no tengo ordenador", les respondió, "lo más parecido que tengo es marimandona, que está allí en la casa en forma de parienta con rulos". La respuesta no les impresionó.
Ramoncín es un hombre maduro, de unos cincuenta años, con el pelo canoso y una papada que le oculta el cuello; es bajito y viste un traje de colores claros y mala calidad. Se mueve nervioso y sin parar por el poco espacio que tiene. Nos cuenta esta historia tras los barrotes del calabozo en el que se encuentra en prisión preventiva, a la espera de que se celebre su juicio por plagio y obstrucción a la justicia. "Acho, ¿de qué me estas hablando? Ni puta idea de lo que me acusan", asegura Ramoncín. Él ha sido la primera víctima de la decisión final tomada por el rey del pollo frito y cabecilla de la SGAE para defenderse de las injurias que se vierten sobre él en Internet: patentar 'Ramoncín' como marca registrada. "Yo no sé quién coño es ese", continúa, "que me dicen que canta o algo pero yo no lo he escuchao en mi vida, y eso que tengo la radio desde que era pequeñico". "Yo suelo ver en la radio Intereconomía (sic) y el canal de la UGT, que de vez en cuando me ponen música de Manolito, pero ese tipo no ma aparecío jamás, ni nadie ma dicho que llamarse como los famosos fuese de delincuentes. Es más, mi hija se llama Isabel por la Pantoja, así que supongo que habrá que avisarla para que se lo cambie a la velocidad del peo". "¡Ya me extrañaba a mí que llevase tanto tiempo sin aparecer el Perales por el pueblo!", añade.
Ramoncín parece enfrentarse ahora a una pena de entre tres y cinco años y a multas que rondan los 3.000 €. Al parecer, un amigo del acusado subió a la red social Facebook sus fotos de la verbena del pueblo, en la que algún conocido le etiquetó como Ramoncín, mientras otra persona colgó la foto en su fotolog enumerando los nombres de las etiquetas y la posición de cada uno. Esto último, al ser contenido público, alertó a los detectives contratados por el cantante de la posible infracción por usar la marca registrada sin permiso. La fiscalía asegura que la SGAE notificó al acusado tres veces por correo electrónico sin recibir respuesta. "Apelaremos a la total ignorancia del acusado de la legislación que se le aplica", asegura su abogado defensor, "y a que un cantante y un agricultor son productos diferentes, por lo que no puede haber ninguna confusión con la marca comercial, que es lo que pasa con esa marca de camas de matrimonio que se llama IKEA, y la que fabrica armarios, que se llama igual". "Pero lo veo un caso muy difícil", añade, "Si hubiese matado a alguien, o incluso molido a palos al cantante, podríamos ayudarle más fácilmente y conseguirle una pena menor. Al haberse referido públicamente a sí mismo como Ramoncín, la cosa está cruda".
Su mujer asegura que "parecía una buena persona y nadie sospechaba ná, pero eso pasa con todos, y si le han detenido por algo será, ¿no? Por el pueblo se comentan cosas. Que yo confío mucho en él pero porque me hizo el bombo y me tuve casar, pero que si no ni eso". Los que en peor situación se quedan con esta detención son los trabajadores que tenía contratados. "Aunque a mí no me preocupa mucho", asegura Boabdil, un inmigrante magrabí, "en realidad estábamos esperando a ver cuánto conseguíamos que nos pagase antes de darse cuenta de que la cosecha se le ha echado entera a perder. De todas formas, ahora podré buscar algún currito para ejercer con el título de Medicina, que mis buenos años me costó sacarlo. A ver si sale algo con la puta crisis de los cojones...".
¿Te ha gustado la entrada? Ahora puedes menearla: http://meneame.net/story/detienen-por-llamarse-ramoncin
La vida del agricultor es dura. Aquel día, Ramón Augusto Delano se levantó en una pequeña casita de la huerta murciana, cerca de una localidad llamada Los Ventorrillos, y salió al campo a supervisar el trabajo que estaban realizando sus inmigrantes ilegales. La mañana transcurría con tranquilidad cuando dos siluetas oscuras aparecieron en el horizonte. A Ramoncín se le cayó el látigo del susto. Venían trajeados, de punta en blanco y con sendos maletines. Venían en pasado, porque el lustre se les gastó cuando intentaron atajar por un campo de pimientos recién abonado. Se acercaron, se aclararon la voz y le notificaron que debía acompañarles a comisaría y dejarles revisar el disco duro de su ordenador. "Acho, yo no tengo ordenador", les respondió, "lo más parecido que tengo es marimandona, que está allí en la casa en forma de parienta con rulos". La respuesta no les impresionó.
Ramoncín es un hombre maduro, de unos cincuenta años, con el pelo canoso y una papada que le oculta el cuello; es bajito y viste un traje de colores claros y mala calidad. Se mueve nervioso y sin parar por el poco espacio que tiene. Nos cuenta esta historia tras los barrotes del calabozo en el que se encuentra en prisión preventiva, a la espera de que se celebre su juicio por plagio y obstrucción a la justicia. "Acho, ¿de qué me estas hablando? Ni puta idea de lo que me acusan", asegura Ramoncín. Él ha sido la primera víctima de la decisión final tomada por el rey del pollo frito y cabecilla de la SGAE para defenderse de las injurias que se vierten sobre él en Internet: patentar 'Ramoncín' como marca registrada. "Yo no sé quién coño es ese", continúa, "que me dicen que canta o algo pero yo no lo he escuchao en mi vida, y eso que tengo la radio desde que era pequeñico". "Yo suelo ver en la radio Intereconomía (sic) y el canal de la UGT, que de vez en cuando me ponen música de Manolito, pero ese tipo no ma aparecío jamás, ni nadie ma dicho que llamarse como los famosos fuese de delincuentes. Es más, mi hija se llama Isabel por la Pantoja, así que supongo que habrá que avisarla para que se lo cambie a la velocidad del peo". "¡Ya me extrañaba a mí que llevase tanto tiempo sin aparecer el Perales por el pueblo!", añade.Ramoncín parece enfrentarse ahora a una pena de entre tres y cinco años y a multas que rondan los 3.000 €. Al parecer, un amigo del acusado subió a la red social Facebook sus fotos de la verbena del pueblo, en la que algún conocido le etiquetó como Ramoncín, mientras otra persona colgó la foto en su fotolog enumerando los nombres de las etiquetas y la posición de cada uno. Esto último, al ser contenido público, alertó a los detectives contratados por el cantante de la posible infracción por usar la marca registrada sin permiso. La fiscalía asegura que la SGAE notificó al acusado tres veces por correo electrónico sin recibir respuesta. "Apelaremos a la total ignorancia del acusado de la legislación que se le aplica", asegura su abogado defensor, "y a que un cantante y un agricultor son productos diferentes, por lo que no puede haber ninguna confusión con la marca comercial, que es lo que pasa con esa marca de camas de matrimonio que se llama IKEA, y la que fabrica armarios, que se llama igual". "Pero lo veo un caso muy difícil", añade, "Si hubiese matado a alguien, o incluso molido a palos al cantante, podríamos ayudarle más fácilmente y conseguirle una pena menor. Al haberse referido públicamente a sí mismo como Ramoncín, la cosa está cruda".
Su mujer asegura que "parecía una buena persona y nadie sospechaba ná, pero eso pasa con todos, y si le han detenido por algo será, ¿no? Por el pueblo se comentan cosas. Que yo confío mucho en él pero porque me hizo el bombo y me tuve casar, pero que si no ni eso". Los que en peor situación se quedan con esta detención son los trabajadores que tenía contratados. "Aunque a mí no me preocupa mucho", asegura Boabdil, un inmigrante magrabí, "en realidad estábamos esperando a ver cuánto conseguíamos que nos pagase antes de darse cuenta de que la cosecha se le ha echado entera a perder. De todas formas, ahora podré buscar algún currito para ejercer con el título de Medicina, que mis buenos años me costó sacarlo. A ver si sale algo con la puta crisis de los cojones...".
¿Te ha gustado la entrada? Ahora puedes menearla: http://meneame.net/story/detienen-por-llamarse-ramoncin
15 de enero de 2010
¡Muera la inteligencia!
Este fragmento pertenece a un comentario de texto para la asignatura Teoría e Historia del Periodismo de la UCAM, reescrito para publicarse en este blog. El trabajo completo lo podéis encontrar en nuestra red social Somosdeperiodismo.com
En octubre de 1936, el general Millán Astray, que se ocupaba de la delegación de Prensa y Propaganda de los franquistas durante la Guerra Civil, visitó a Unamuno en la Universidad de Salamanca y recitó un discurso con motivo del Día de la Raza (hoy renombrado como Día de la Hispanidad). En este discurso, se refirió al País Vasco y a Cataluña (Unamuno era vasco) como los cánceres de España, y a la sublevación como una cruzada para devolver a España su religión católica. Cerró el discurso gritando "¡Viva la muerte!" y "¡Muera la inteligencia!". El discurso debió sentar mal a Unamuno, que había contribuído económicamente a la causa, pues su intervención la cerró dirigiéndose a Astray y diciéndole:
"Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."
Unamuno fue puesto bajo arresto domiciliario y murió el último día del año. Astray aprovechó su estancia en Salamanca para, ya de paso, fundar Radio Nacional de España. Se cuenta que obligaba a los periodistas a ponerse firmes cada vez que tocaba el silbato, aunque hay que entender que la mayoría de ellos eran militares metidos a periodistas.
Millán Astray se mantuvo en la delegación hasta 1938, y le fue restituido el mismo cargo una vez montado el régimen. Allí se quedó hasta la década de 1940, en que tuvo que marcharse a Lisboa para evitar el escándalo de enamorarse de la mujer equivocada.
En octubre de 1936, el general Millán Astray, que se ocupaba de la delegación de Prensa y Propaganda de los franquistas durante la Guerra Civil, visitó a Unamuno en la Universidad de Salamanca y recitó un discurso con motivo del Día de la Raza (hoy renombrado como Día de la Hispanidad). En este discurso, se refirió al País Vasco y a Cataluña (Unamuno era vasco) como los cánceres de España, y a la sublevación como una cruzada para devolver a España su religión católica. Cerró el discurso gritando "¡Viva la muerte!" y "¡Muera la inteligencia!". El discurso debió sentar mal a Unamuno, que había contribuído económicamente a la causa, pues su intervención la cerró dirigiéndose a Astray y diciéndole:
"Éste es el templo de la inteligencia, y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis, porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir, y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho."
Unamuno fue puesto bajo arresto domiciliario y murió el último día del año. Astray aprovechó su estancia en Salamanca para, ya de paso, fundar Radio Nacional de España. Se cuenta que obligaba a los periodistas a ponerse firmes cada vez que tocaba el silbato, aunque hay que entender que la mayoría de ellos eran militares metidos a periodistas.
Millán Astray se mantuvo en la delegación hasta 1938, y le fue restituido el mismo cargo una vez montado el régimen. Allí se quedó hasta la década de 1940, en que tuvo que marcharse a Lisboa para evitar el escándalo de enamorarse de la mujer equivocada.
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10 de enero de 2010
Monzogo nº 34
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Monzogo nº 34
Actualización: El ensayo "Dios está en la lluvia" pertenece a Trisco, y no a Bukowski, como pone en la revista. La página de J. D. Sánchez también está mal: es ésta.
Monzogo nº 34
Actualización: El ensayo "Dios está en la lluvia" pertenece a Trisco, y no a Bukowski, como pone en la revista. La página de J. D. Sánchez también está mal: es ésta.
Café y noche #30 - "Sómbras de tinta"
Podcast de relatos y poesía que dirige J. D. Sánchez.
Colaboro a partir del segundo 18:08 con el relato "Pastel de Guisantes"
Colaboro a partir del segundo 18:08 con el relato "Pastel de Guisantes"
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4 de enero de 2010
Pastel de Guisantes
Su cara resplandecía dorada sobre la luz de la vela que adornaba la mesa. Tenía los ojos de un verde profundo y brillante, que me recordaba los inmensos mares de hierba entre los que disfruté de la infancia. Sólo el contemplar su cara me ponía nostálgico, me embriagaba aún más que la espesa cerveza que me habían servido. Era como tener al alcance de la mano una joya, una esmeralda viviente del tamaño de la luna, realizando movimientos rápidos y certeros mientras apuntaba números en una pequeña libreta.
Puede que con aquellos ojos, cualquier palabra con la que hubiésemos empezado nuestra pequeña conversación me habría parecido igual de sorprendente, pero no fue cualquier palabra.
- ¿Crees en la magia? -me dijo en cuanto me acerqué, sin esperar a que me presentase.
- No mucho -respondí-. Cuando era joven investigué un poco sobre el tema. Llegué a revisar los escritos de Krumm-Heller, que popularizó el nombre de la mandrágora, o los diarios de John Dee, que fue el mago de la reina Isabel I; pero nunca conseguí que nada funcionase. Las leyes del mundo siguen su curso por muchos compuestos que mezcles o por muchas lenguas muertas que domines, y ahora confío más en la ciencia y la tecnología para conseguir lo que quiero. Supongo que la fantasía es algo que se pierde con los años.
Se quedó observándome un rato, y sin cambiar de expresión, me dijo:
- ¿He de asumir entonces que no crees en los unicornios?
- No creeré en ellos hasta que vea uno.
Metió la mano en el bolso y sacó una pequeña figura. Un unicornio blanco, de pelaje rubio, con el cuerno recto en la frente haciendo espirales como una caracola. Me reí, y tomé asiento a su lado.
- ¿Sabes? -le conté- Cuando Marco Polo viajó hacia oriente, en sus relatos dijo haber descubierto los unicornios. Caballos enormes con cuernos en la frente. La fantasía popular fue la que creó esa imagen que tienes entre las manos. Lo que había descubierto en realidad eran los rinocerontes.
Entonces se rió ella. Se llamaba Laura, y trabajaba de secretaria en una compañía de seguros. Decía que utilizaba la magia para asegurarse de que ninguno de los asegurados sufriese ningún accidente. Despedía un olor electrizante, como de incienso o de canela. Pasamos un buen rato hablando, hasta que su jefe la llamó por el móvil, pero antes de marcharse me ofreció cenar con ella al día siguiente.
Fue una semana trepidante. Quedábamos cada día, a cada hueco que encontraba. Ella me hablaba de la magia, de la astrología, de la quiromancia o el poder de las piedras. Me parecía entretenido y tierno a partes iguales, como cuando un niño te dice que tiene un monstruo debajo de la cama como excusa para dormir con sus padres. Yo le contaba anécdotas o misterios de la historia con los que solía entretener a los alumnos en la universidad.
Tras la tercera noche empezamos a acostarnos. Habíamos bebido mucho vino. Nevaba. Estábamos prácticamente tiritando. Ella tropezó con un escalón, y cuando fui a socorrerla me besó. No tengo ni idea de cómo ocurrió, y sólo recuerdo el tacto suave y tembloroso de aquellos labios congelados. Propuse ir a mi casa a calentarnos, y asintió con la cabeza.
Aquella fue una de las mejores noches de mi vida. Encendimos la chimenea para caldear el salón y nos tumbamos allí mismo, sobre la alfombra. Me gustaría relataros aquel encuentro, pero creo que algo importante se perdería si lo hiciese. Prefiero guardarme aquellos momentos para mí mismo, y llegar directamente a la noche del sábado. Gradualmente, Laura me fue proponiendo sucesivos añadidos a nuestro acto, para hacerlo más "excitante" desde su punto de vista.
Al principio me temía lo peor: juguetes, disfraces, dominación... Por suerte su afición era el bondage, atar a sus parejas y a sí misma con cuerdas o cadenas, lo cual me hizo suspirar aliviado, ya que no me pareció para tanto. Si confías en alguien para acostarte más de una vez, es normal confiar también para ponerse un par de esposas. Podría ser peor.
Aquella noche habíamos ido a su casa. Tenía un pequeño apartamento en el centro de la ciudad, aunque a mí me pareció más bien un zulo. El baño, la cocina, el salón y el dormitorio se ubicaban en la misma habitación. La cama estaba colocada bajo una gran ventana sin cortinas.
- No me gustan las cortinas -dijo-. Prefiero ver el cielo.
- Yo sólo veo edificios.
- Siguen siendo más interesantes que un trozo de tela.
Me desnudó y me arrojó a la cama con fuerza. Yo también le quité la ropa. Acabó todo desperdigado por el suelo, sin ningún orden concreto, y me besó hasta cortarme la respiración. Las cuerdas estaban debajo de la almohada, y agarró uno de los extremos con un ligero movimiento. "Hoy me toca a mí atarte", susurró. Se la notaba excitada, respiraba tan rápido que escuchaba los latidos de su corazón, y toda esa actividad me contagiaba y me nublaba la mente de tal modo, que la habría acompañado hasta las mismas puertas del averno para seguir disfrutando del sabor de su aliento.
Me ató las muñecas y las piernas muy juntas y muy fuerte. Tan fuerte que dolía. La cuerda me rodeaba todo el cuerpo, y era blanca y robusta, apretando mi carne como un abrazo artificial. Casi empezaba a comprender por qué le gustaba a ella todo esto de las cuerdas. Estaba deseando que empezase, pero no lo hizo. Se levantó y se puso una bata.
- ¿Qué haces? -pregunté.
- ¿Has oído hablar de Elizabeth Báthory?
- ¿Te refieres a aquella loca que quería rejuvenecer matando gente y bañándose en su sangre?
- No estaba loca -me dijo-, sino parcialmente equivocada. La sangre de por sí no tiene poder. La vida se encuentra en su esencia, y para extraerla hay que hacer una serie de operaciones. Tu sangre me servirá para alcanzar la vida eterna.
- No me lo puedo creer -exclamé.
- Da lo mismo que lo creas o no. La sangre ha de ser extraída mientras la persona está viva, pero igualmente trataré de hacerlo lo más indoloro posible.
- ¿Ha sido sólo por eso? ¿Toda esta semana ha sido sólo para matarme?
- El vínculo que hemos creado en este tiempo hará que tu sangre sea más potente. Así aumento las probabilidades de obtener el elixir.
- No te saldrás con la tuya.
Lo dije, pero no tenía ningún plan. Estaba fuertemente atado y apenas me podía mover, aunque por suerte no estaba fijado a la cama. Laura sacó un maletín de su armario, y al abrirlo comprendí lo que quería hacer. Eran los instrumentos que utilizaban los embalsamadores para extraer la sangre del cuerpo. Dos agujas, una en el pie y otra en el cuello, conectadas a dos largos tubos de plástico. Una de ellas alcanzaría el grifo del baño, y el agua recorrería mis venas reemplazando la sangre y haciéndola salir por la segunda aguja. Un chorro de vida robada e inútil que llenaría alguno de sus cubos para experimentos extraños.
El proceso podía tardar horas, sentiría frío, y todas mis células morirían lentamente asfixiadas al cambiarles el sustento por agua del grifo. Pensé gritar, pero supuse que no ayudaría mucho. Me tenía a su merced y podría haberlo impedido en cualquier momento, incluso dejarme insconsciente. Rodar hacia la puerta tampoco era una opción, pues me alcanzaría antes de recorrer media habitación. Sólo se me ocurrió una idea.
Mientras Laura se acercaba con la primera de las agujas, me apoyé sobre mis hombros e hice saltar mis piernas por encima de la cabeza, hacia la ventana. Se rompió con facilidad, montando un gran estruendo de cristales rotos. Me deslicé por ella hacia el vacío. No había forma de aferrarse a nada con las manos atadas de aquella forma. Mi única oportunidad habría sido un toldo, un montón de heno, o cualquier cosa menos dura que el pavimento.
No hubo suerte. Me llamo Joan Seira, profesor de universidad, historiador y antropólogo, viajero apasionado, veterano de guerra y enólogo aficionado, y aquél sábado tuvo lugar mi muerte por aplastamiento contra una acera después de caer de un sexto piso, desnudo y cubierto de cuerdas, por escapar de la tortura de una maniática pseudoreligiosa. La muerte nunca es como la esperas.
Huele a pastel de guisantes.
Puede que con aquellos ojos, cualquier palabra con la que hubiésemos empezado nuestra pequeña conversación me habría parecido igual de sorprendente, pero no fue cualquier palabra.
- ¿Crees en la magia? -me dijo en cuanto me acerqué, sin esperar a que me presentase.
- No mucho -respondí-. Cuando era joven investigué un poco sobre el tema. Llegué a revisar los escritos de Krumm-Heller, que popularizó el nombre de la mandrágora, o los diarios de John Dee, que fue el mago de la reina Isabel I; pero nunca conseguí que nada funcionase. Las leyes del mundo siguen su curso por muchos compuestos que mezcles o por muchas lenguas muertas que domines, y ahora confío más en la ciencia y la tecnología para conseguir lo que quiero. Supongo que la fantasía es algo que se pierde con los años.
Se quedó observándome un rato, y sin cambiar de expresión, me dijo:
- ¿He de asumir entonces que no crees en los unicornios?
- No creeré en ellos hasta que vea uno.
Metió la mano en el bolso y sacó una pequeña figura. Un unicornio blanco, de pelaje rubio, con el cuerno recto en la frente haciendo espirales como una caracola. Me reí, y tomé asiento a su lado.
- ¿Sabes? -le conté- Cuando Marco Polo viajó hacia oriente, en sus relatos dijo haber descubierto los unicornios. Caballos enormes con cuernos en la frente. La fantasía popular fue la que creó esa imagen que tienes entre las manos. Lo que había descubierto en realidad eran los rinocerontes.
Entonces se rió ella. Se llamaba Laura, y trabajaba de secretaria en una compañía de seguros. Decía que utilizaba la magia para asegurarse de que ninguno de los asegurados sufriese ningún accidente. Despedía un olor electrizante, como de incienso o de canela. Pasamos un buen rato hablando, hasta que su jefe la llamó por el móvil, pero antes de marcharse me ofreció cenar con ella al día siguiente.
Fue una semana trepidante. Quedábamos cada día, a cada hueco que encontraba. Ella me hablaba de la magia, de la astrología, de la quiromancia o el poder de las piedras. Me parecía entretenido y tierno a partes iguales, como cuando un niño te dice que tiene un monstruo debajo de la cama como excusa para dormir con sus padres. Yo le contaba anécdotas o misterios de la historia con los que solía entretener a los alumnos en la universidad.
Tras la tercera noche empezamos a acostarnos. Habíamos bebido mucho vino. Nevaba. Estábamos prácticamente tiritando. Ella tropezó con un escalón, y cuando fui a socorrerla me besó. No tengo ni idea de cómo ocurrió, y sólo recuerdo el tacto suave y tembloroso de aquellos labios congelados. Propuse ir a mi casa a calentarnos, y asintió con la cabeza.
Aquella fue una de las mejores noches de mi vida. Encendimos la chimenea para caldear el salón y nos tumbamos allí mismo, sobre la alfombra. Me gustaría relataros aquel encuentro, pero creo que algo importante se perdería si lo hiciese. Prefiero guardarme aquellos momentos para mí mismo, y llegar directamente a la noche del sábado. Gradualmente, Laura me fue proponiendo sucesivos añadidos a nuestro acto, para hacerlo más "excitante" desde su punto de vista.
Al principio me temía lo peor: juguetes, disfraces, dominación... Por suerte su afición era el bondage, atar a sus parejas y a sí misma con cuerdas o cadenas, lo cual me hizo suspirar aliviado, ya que no me pareció para tanto. Si confías en alguien para acostarte más de una vez, es normal confiar también para ponerse un par de esposas. Podría ser peor.
Aquella noche habíamos ido a su casa. Tenía un pequeño apartamento en el centro de la ciudad, aunque a mí me pareció más bien un zulo. El baño, la cocina, el salón y el dormitorio se ubicaban en la misma habitación. La cama estaba colocada bajo una gran ventana sin cortinas.
- No me gustan las cortinas -dijo-. Prefiero ver el cielo.
- Yo sólo veo edificios.
- Siguen siendo más interesantes que un trozo de tela.
Me desnudó y me arrojó a la cama con fuerza. Yo también le quité la ropa. Acabó todo desperdigado por el suelo, sin ningún orden concreto, y me besó hasta cortarme la respiración. Las cuerdas estaban debajo de la almohada, y agarró uno de los extremos con un ligero movimiento. "Hoy me toca a mí atarte", susurró. Se la notaba excitada, respiraba tan rápido que escuchaba los latidos de su corazón, y toda esa actividad me contagiaba y me nublaba la mente de tal modo, que la habría acompañado hasta las mismas puertas del averno para seguir disfrutando del sabor de su aliento.
Me ató las muñecas y las piernas muy juntas y muy fuerte. Tan fuerte que dolía. La cuerda me rodeaba todo el cuerpo, y era blanca y robusta, apretando mi carne como un abrazo artificial. Casi empezaba a comprender por qué le gustaba a ella todo esto de las cuerdas. Estaba deseando que empezase, pero no lo hizo. Se levantó y se puso una bata.
- ¿Qué haces? -pregunté.
- ¿Has oído hablar de Elizabeth Báthory?
- ¿Te refieres a aquella loca que quería rejuvenecer matando gente y bañándose en su sangre?
- No estaba loca -me dijo-, sino parcialmente equivocada. La sangre de por sí no tiene poder. La vida se encuentra en su esencia, y para extraerla hay que hacer una serie de operaciones. Tu sangre me servirá para alcanzar la vida eterna.
- No me lo puedo creer -exclamé.
- Da lo mismo que lo creas o no. La sangre ha de ser extraída mientras la persona está viva, pero igualmente trataré de hacerlo lo más indoloro posible.
- ¿Ha sido sólo por eso? ¿Toda esta semana ha sido sólo para matarme?
- El vínculo que hemos creado en este tiempo hará que tu sangre sea más potente. Así aumento las probabilidades de obtener el elixir.
- No te saldrás con la tuya.
Lo dije, pero no tenía ningún plan. Estaba fuertemente atado y apenas me podía mover, aunque por suerte no estaba fijado a la cama. Laura sacó un maletín de su armario, y al abrirlo comprendí lo que quería hacer. Eran los instrumentos que utilizaban los embalsamadores para extraer la sangre del cuerpo. Dos agujas, una en el pie y otra en el cuello, conectadas a dos largos tubos de plástico. Una de ellas alcanzaría el grifo del baño, y el agua recorrería mis venas reemplazando la sangre y haciéndola salir por la segunda aguja. Un chorro de vida robada e inútil que llenaría alguno de sus cubos para experimentos extraños.
El proceso podía tardar horas, sentiría frío, y todas mis células morirían lentamente asfixiadas al cambiarles el sustento por agua del grifo. Pensé gritar, pero supuse que no ayudaría mucho. Me tenía a su merced y podría haberlo impedido en cualquier momento, incluso dejarme insconsciente. Rodar hacia la puerta tampoco era una opción, pues me alcanzaría antes de recorrer media habitación. Sólo se me ocurrió una idea.
Mientras Laura se acercaba con la primera de las agujas, me apoyé sobre mis hombros e hice saltar mis piernas por encima de la cabeza, hacia la ventana. Se rompió con facilidad, montando un gran estruendo de cristales rotos. Me deslicé por ella hacia el vacío. No había forma de aferrarse a nada con las manos atadas de aquella forma. Mi única oportunidad habría sido un toldo, un montón de heno, o cualquier cosa menos dura que el pavimento.
No hubo suerte. Me llamo Joan Seira, profesor de universidad, historiador y antropólogo, viajero apasionado, veterano de guerra y enólogo aficionado, y aquél sábado tuvo lugar mi muerte por aplastamiento contra una acera después de caer de un sexto piso, desnudo y cubierto de cuerdas, por escapar de la tortura de una maniática pseudoreligiosa. La muerte nunca es como la esperas.
Huele a pastel de guisantes.
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