Descargar Monzogo nº 40
Monzogo nº 40
20 de junio de 2010
19 de junio de 2010
Una sola oportunidad
"Se ha dicho frecuentemente que si la especie humana falla en su forma de vida aquí en la Tierra alguna otra especie tomará su lugar. En el sentido del desarrollo de la inteligencia, esto no es correcto. Ya hemos agotado, o pronto lo haremos, los requisitos previos físicos necesarios, por lo que a este planeta concierne. Con el carbón agotado, el petróleo agotado, los minerales metálicos de elevada ley agotados, no hay especie, por competente que sea, que pueda dar el gran salto del desde las condiciones primitivas hasta una tecnología de alto nivel. Este es un asunto de una sola oportunidad. Si fallamos, este sistema planetario falla en lo que se refiere a la inteligencia. Lo mismo ha de ser cierto para otros sistemas planetarios. En cada uno de ellos habrá una oportunidad y sólo una" (Fred Hoyle, 1964).
14 de junio de 2010
La reminiscencia del ratón volador
Le mete un trago a la cerveza y empieza su cuento:El ratón ve pasar una gaviota por el cielo y piensa: "¡Qué raro! ¡Un ratón con alas! ¿Qué extraña enfermedad tendrá?". La gaviota, por su parte, ve al ratón y también se intriga: "¡Increíble! Una gaviota sin alas, ¿qué accidente habrá tenido?". Preocupada, la gaviota se posa en el suelo y empieza a hablar con el ratón; sin embargo, como son de especies diferentes, no se entienden una sola palabra. "Estará sordo", piensa la gaviota, y entonces se le ocurre. La gaviota agarra al ratón en su pico y lo eleva por los cielos, pensando en librarle de la nostalgia de las alas que pensaba perdidas. Que al menos pueda sentir la altitud, la brisa y el paisaje una vez más. Tras el paseo, la gaviota deja al ratón de nuevo en el suelo y sigue su camino. El ratón se ve de nuevo en su rutina, después de haber probado lo que es volar. Entonces empieza a parecerle que todo lo que le ha ocurrido no es más que un sueño, como si realmente no hubiese ocurrido, y fuese fruto de su imaginación.
- ¿De dónde sale eso? -le pregunto.
- De "El vencedor está solo", de Paulo Coelho. Lo utiliza para ilustrar lo que le pasa a uno de los personajes, pero sirve para todos. Después de haber vivido una situación sublime, vuelves a la rutina y empiezas a verlo como irreal y fantasioso.
- Eso no nos pasa a todos. A mí, por lo menos, no me ocurre eso, sino todo lo contrario. Las situaciones sublimes, las que superan lo normal, son muy reales, y así lo siguen siendo cuando vuelves a la rutina. Entonces te sientes oprimido, como con síndrome de abstinencia. Yo no diría infeliz, pero sí lo bastante incómodo como para desear que esa experiencia se repita. Ese sentimiento no desaparece. Supongo que es lo que hace a algunas personas seguir buscando esas experiencias y tratar siempre de superarse a sí mismos. Pero al mismo tiempo, cuanto más aprenden de esas grandes situaciones, peor se desenvuelven en la rutina. Es como el poeta que concebía Baudelaire, tan acostumbrado a la grandeza que la vida normal se hacía prácticamente insoportable. Lo retrató en "El albatros":
Los albatros, grandes y majestuosas aves del mar, siguen, como indolentes compañeros de viaje, al navío que surca los amargos abismos. Por distraerse, a veces, suelen los marineros atraparlas y arrojarlas sobre las tablas húmedas. Estos reyes celestes, torpes y avergonzados, caminan arrastrando penosamente sus alas: unas grandes alas blancas semejantes a remos. Este alado viajero, ¡qué inútil y qué débil! Él, otrora tan bello, ¡qué feo y grotesco ahora! ¡Éste, sádico, quema su pico con la pipa! ¡Aquél, imita cojeando al planeador inválido! Es el poeta semejante a este señor del nublo, que habita la tormenta y se ríe del ballestero. Exiliado en la tierra, sufriendo el griterío, sus alas de gigante no le dejan caminar.
¿Vosotros cómo vivís esos momentos especiales en la vida de toda persona? ¿Son esos momentos el sueño y la rutina la realidad, o viceversa?
Publicado por
Elmoreno
y etiquetado como
Baudelaire,
Fábula,
Paulo Coelho
a las
1:05 PM
5
comentarios
Trackback
12 de junio de 2010
6 de junio de 2010
La progresión de la rana cocida
En uno de los libros de Paulo Coelho, "El vencedor está solo", cuenta la parábola de la rana cocida:
La parábola, por supuesto, no es original. Ya apareció en el best-seller "¿Quién se ha llevado mi queso?", de Spencer Johnson, y unos años antes en "The Story of B", de Daniel Quinn. También está en "La Huésped", de Stephenie Meyer. Se utiliza para ejemplificar cómo de difícil es percibir los cambios que suceden gradualmente en la vida, o en la forma de ser de una persona.
Al principio, cualquiera podría creerse a sí mismo incapaz de realizar algún acto aborrecible, como el asesinato. Sin embargo, una serie de cambios graduales nos pueden llevar a esa situación. Pensemos en el régimen nazi. Ron Jones, siendo profesor de secundaria en California, se vió incapaz de explicar a sus alumnos cómo era posible que los ciudadanos alemanes permitiesen a su gobierno exterminar a millones de judíos, así que decidió mostrárselo. Si pasas por el suficiente número de pasos intermedios, puede llegar a parecer justificable el asesinar miles de niños en cámaras de gas.
Se empieza con una fuerte disciplina, fomentando el respeto a la autoridad y creando un sentimiento de grupo y unión. Este grupo, al centrarse en sus aspectos comunes, tendrá menos reparos en condenar lo diferente, y acabará llegando a tolerar los prejuicios contra lo que percibe como raro: el racismo, en definitiva. A esto se le une glorificar el patriotismo, contar con líderes carismáticos y la necesidad humana de tener respuestas fáciles y soluciones rápidas a sus problemas. Cada pequeño peldaño en la escalera parece insignificante por sí mismo desde la posición en que uno se encuentra, pero al final uno acaba siendo capaz de permitir el genocidio o de incluso tomar armas para asesinar uno mismo. Matar niños sólo parecía algo monstruoso antes de que te explicasen lo necesario que era.
El experimento de Ron Jones tomó el nombre de "La tercera ola". Al final de una sola semana, había creado un grupo organizado de neonazis de cerca de 200 personas, y tuvo que poner fin a su experimento antes de que se le fuese completamente de las manos. Existe una película que narra las fases del experimento.
En todo momento sabes que está mal asesinar, pero siempre es fácil justificarse a uno mismo una pequeña transgresión de principios. Con cada transgresión, nuestros límites se alejan y se diluyen cada vez más, y pueden llevarnos a cualquier comportamiento. Si nos encontrásemos con nuestro yo de hace veinte años e intentásemos explicarle algunas de las peores decisiones de nuestra vida, no podría creerse cómo hemos llegado a tomarlas, aunque en ese momento pensásemos que estábamos haciendo lo correcto.
Una serie de pequeños cambios pueden suponer un cambio muy grande.
Varios estudios biológicos demuestran que si metemos un sapo en un recipiente con la misma agua de su charca, permanece inmóvil mientras calentamos el líquido. El sapo no reacciona ante el aumento gradual de la temperatura ni a los cambios de ambiente; muere cuando el agua hierve, hinchado y feliz. Sin embargo, si metemos otro sapo en ese recipiente con el agua ya hirviendo, salta inmediatamente fuera. Medio cocido, aunque vivo.Esta anécdota es claramente apócrifa, empezando porque si arrojas una rana a una olla de agua hirviendo, ésta estará muerta antes de que le dé tiempo a reaccionar. Aunque incrementes el calor gradualmente: en cuanto nota el calor, intenta escapar. Es cierto que hay un estudio biológico sobre eso (del s. XIX), pero la rana que se quedaba quieta en el agua calentada gradualmente tenía el cerebro extirpado.
La parábola, por supuesto, no es original. Ya apareció en el best-seller "¿Quién se ha llevado mi queso?", de Spencer Johnson, y unos años antes en "The Story of B", de Daniel Quinn. También está en "La Huésped", de Stephenie Meyer. Se utiliza para ejemplificar cómo de difícil es percibir los cambios que suceden gradualmente en la vida, o en la forma de ser de una persona.Al principio, cualquiera podría creerse a sí mismo incapaz de realizar algún acto aborrecible, como el asesinato. Sin embargo, una serie de cambios graduales nos pueden llevar a esa situación. Pensemos en el régimen nazi. Ron Jones, siendo profesor de secundaria en California, se vió incapaz de explicar a sus alumnos cómo era posible que los ciudadanos alemanes permitiesen a su gobierno exterminar a millones de judíos, así que decidió mostrárselo. Si pasas por el suficiente número de pasos intermedios, puede llegar a parecer justificable el asesinar miles de niños en cámaras de gas.
Se empieza con una fuerte disciplina, fomentando el respeto a la autoridad y creando un sentimiento de grupo y unión. Este grupo, al centrarse en sus aspectos comunes, tendrá menos reparos en condenar lo diferente, y acabará llegando a tolerar los prejuicios contra lo que percibe como raro: el racismo, en definitiva. A esto se le une glorificar el patriotismo, contar con líderes carismáticos y la necesidad humana de tener respuestas fáciles y soluciones rápidas a sus problemas. Cada pequeño peldaño en la escalera parece insignificante por sí mismo desde la posición en que uno se encuentra, pero al final uno acaba siendo capaz de permitir el genocidio o de incluso tomar armas para asesinar uno mismo. Matar niños sólo parecía algo monstruoso antes de que te explicasen lo necesario que era.
El experimento de Ron Jones tomó el nombre de "La tercera ola". Al final de una sola semana, había creado un grupo organizado de neonazis de cerca de 200 personas, y tuvo que poner fin a su experimento antes de que se le fuese completamente de las manos. Existe una película que narra las fases del experimento.
En todo momento sabes que está mal asesinar, pero siempre es fácil justificarse a uno mismo una pequeña transgresión de principios. Con cada transgresión, nuestros límites se alejan y se diluyen cada vez más, y pueden llevarnos a cualquier comportamiento. Si nos encontrásemos con nuestro yo de hace veinte años e intentásemos explicarle algunas de las peores decisiones de nuestra vida, no podría creerse cómo hemos llegado a tomarlas, aunque en ese momento pensásemos que estábamos haciendo lo correcto.
Un guardia personal de Hitler, a Hitler:Esta capacidad del ser humano para superarse a sí mismo en los crímenes tiene también su beneficio: la superación en el altruísmo. Es lo que permite a las personas trabajar siempre un poco más para el bien común. Si has dado el paso de reciclar agua, será más fácil reciclar luego el plástico, el metal o el vidrio. Si has pasado una noche entera intentando solucionar una ecuación o terminar una novela, luego será más fácil pasar dos o tres noches en vela dedicado a empresas parecidas. Es el siguiente paso lógico, y al ser tan pequeño es más fácil abordarlo. Así el ser humano puede alcanzar comportamientos y crear obras que jamás habría podido soñar en un principio, mediante pequeños pasos y pequeñas concesiones.
- Señor, sé que está creando un futuro mejor para Alemania y para el mundo, y no es mi intención dudar de los fundamentos de nuestro partido pero, ¿no le preocupa que haya tantos viajeros temporales apareciendo de la nada para intentar asesinarle?
Una serie de pequeños cambios pueden suponer un cambio muy grande.
Publicado por
Elmoreno
y etiquetado como
Condicionamiento,
Irracionalidad,
Psicología
a las
3:28 PM
2
comentarios
Trackback
3 de junio de 2010
Disonancias cognitivas
La gente necesita que exista, en cierto modo, una coherencia interna en el mundo en el que vive. Entre el mundo que recrea en su mente y el mundo que percibe. Pero hay muchas veces que esta coherencia se rompe. Hacemos algo que rompe por completo con nuestros ideales, o encontramos que el mundo no es tan simple como lo conocemos, sino contrario a todo lo que nos han enseñado. Una persona puede tener una moral muy elevada, pero verse obligado a matar en una guerra, o pasarse toda la vida trabajando honradamente, pero que todo su trabajo quede sin recompensa.Entonces se produce lo que Leon Festinger bautizó a finales de la década de 1950 como "disonancia cognitiva". Consciente o inconscientemente, el cerebro debe solucionar el problema para que la coherencia regrese, y esto genera una cierta tensión. No importa si la coherencia se consigue mediante autoengaños y soluciones absurdas. De ahí viene la explicación de que algunas personas piensen que matar es algo bueno, o de que la caridad es inútil: sólo intentan justificar sus propios actos.
Recuerda un poco a la fábula de La zorra y las uvas, de Esopo. Al ver la zorra que las uvas estaban demasiado altas y que no era capaz de trepar, exclamó: "¡Ya no las quiero!", y se fue. La zorra prefería pensar que se iba sin las uvas porque no las quería, antes que aceptar que no podía alcanzarlas, ya que así encajaba mejor su percepción de la realidad con su soberbia.
Otro ejemplo lo podemos encontrar en la autobiografía de Benjamin Franklin, en la que explica cómo se ganó la simpatía de un oponente político que se negaba siquiera a recibirle: le mandó una nota en la que pedía que le prestase un libro para consultarlo. El libro lo devolvió a la semana, en perfecto estado, y con una nota de agradecimiento. Cuando fue a visitarle la próxima vez, el político le recibió cordialmente y se convirtieron en grandes amigos. "Aquél que te ha hecho un favor", decía una vieja máxima, "será más propenso a hacerte otro que aquél que se haya visto obligado".
Pero el ejemplo más gracioso se encuentra en sujetos estudiados pertenecientes a distintas sectas que le daban al fin del mundo una fecha concreta. Al ver que pasada esa fecha, el mundo seguía existiendo, muchos desertaban, pero otros se inventaban cualquier excusa para no admitir que estaban equivocados. "Hemos sido perdonados gracias a nuestro culto", o la mejor, "el mundo en realidad ha llegado a su fin, aunque no nos demos cuenta". Para hacer cuadrar la realidad con el universo percibido por soberbia, ideología o religión, somos capaces de cualquier cosa.
Es durante estos momentos de disonancia en los que la persona se vuelve más creativa. La mente necesita resolver la paradoja entre sus pensamientos y la realidad, por lo que los procesos de creación de nuevas ideas se aceleran. Por otro lado, también es el peor momento para tomar decisiones: no se busca una solución racional, sino una coherente. Esta tendencia puede aplicarse también a otras actividades diferentes, mientras la paradoja no se resuelva; así, una persona que pase por este proceso será más creativa en todo lo que haga y, por supuesto, errará más en sus decisiones. El objetivo de todo el proceso es que la persona cambia de alguna forma sus percepciones. Si quieres que una persona cambie y se convierta en otra persona diferente, este tipo de contradicciones deberían tenerse en cuenta.
El descubrimiento de la disonancia cognitiva se realizó mediante un curioso experimento. Se encargó a un grupo de personas que realizasen una tarea aburrida y se les dejó ir. Al segundo grupo se le encargó la misma tediosa tarea, pero se les entregó un dólar a cambio de que le contasen a otras personas que había sido muy divertida. Al tercer grupo se le sometió a lo mismo, pero en su caso se les entregaron 30 dólares. Pasado un tiempo, los miembros del primer y tercer grupo seguían pensando que la tarea había sido aburrida; sin embargo, los miembros del segundo grupo pensaban que había sido divertida.
Esto se explica porque el segundo grupo no había recibido una recompensa considerable a cambio de mentir. Las personas del tercer grupo podían comprender que habían mentido por 30 dólares, pero en el segundo grupo, un dólar no era suficiente, de forma que cambiaron por completo su percepción de la tarea para que existiese coherencia entre lo que decían y percibían. En síntesis, un dólar había conseguido modificar por completo el recuerdo de una hora de trabajo.
El experimento de Festinger fue más tarde contrastado por otro psicólogo, Michael S. Gazzaniga. Buscó a personas con grave epilepsia a las que les hubiesen realizado una comisurectomía, es decir, a las que había eliminado la separación de los dos hemisferios. Así, cada hemisferio puede recibir informaciones distintas, pero sólo el izquierdo -donde se encuentra la capacidad verbal- es capaz de expresarla. Los sujetos, cuando se les mostraba un cartel que pusiese "camine", se levantaban y caminaban. Al preguntarles por qué lo habían hecho, respondían "porque tengo que ir al baño" o "porque me ha entrado hambre". Y se lo creían, aunque la realidad era que no sabían por qué se habían levantado.
Nunca hay que empecinarse en que la visión que uno tiene de las cosas es la correcta. Estas contradicciones están presentes en todos nosotros, aunque no seamos conscientes de ellas. Teóricamente todo el mundo quiere vivir una vida larga y sana, aunque somos muchos los que fumamos, aún sabiendo la posibilidad que existe de desarrollar cáncer de pulmón. No os resultarán extrañas las excusas: "no tiene por qué pasarme a mí", "de algo hay que morir" o "también podría atropellarme un autobús cruzando la calle".
El ser humano es menos racional de lo que parece.
Publicado por
Elmoreno
y etiquetado como
Disonancia cognitiva,
Irracionalidad,
Psicología
a las
1:36 PM
0
comentarios
Trackback
Suscribirse a:
Entradas (Atom)