Lo que sabemos de la evolución se puede aplicar a cualquier materia, siempre y cuando haya muchos elementos diferentes, éstos se dividan o “copulen” y exista una fuerza que elimine las copias peor adaptadas (selección natural).
Las ideas abundan en el mundo, ya provengan de la acción de los sentidos si se es empirista o del libre albedrío si se tiene un ánimo más trascendental; mediante la comunicación se transmiten, y entre las imperfecciones de la memoria y la comunicación, y la voluntad o el escepticismo de las personas, encontramos un tipo de selección que permite que unas ideas sean transmitidas y otras no.
La hipótesis la leí hace unos años en “El gen egoísta”, de Richard Dawkins. Se conoce como la “teoría de los memes”.
Cuando una idea aparece en la población, ésta va saltando de un individuo a otro. Cuanto más fácil de recordar sea o cuanto mayor sea el nivel de aceptación en el individuo, mayor posibilidad habrá de que la comparta con otro.
Por supuesto, hay algunas ideas mejor preparadas que otras para esta dinámica. “Nosotros somos mejor que los demás”: es fácil de recordar y tiene el beneficio de hacer sentir bien a un grupo. “Nos corresponde más de lo que tenemos”: es también una forma agradable de pensar, sea cierto o no. Y “Está bien matar por aquello en lo que crees” sería como una especie de virus.
Ante terroristas con convicciones fuertes no vale de nada el acoso policial, pues toda la población es susceptible de pensar de esa manera en algún momento. Se puede neutralizar a un individuo, pero siempre estará lista la cantera de nuevos miembros.
Es como una infección bacteriana. No puedes tratar de matarlas una a una. Cada bacteria se divide varias veces, igual que una persona puede inculcarle su ideología a muchas otras. El crecimiento en condiciones óptimas sería casi exponencial. ¿Pero cómo se puede eliminar a toda una población de microorganismos, no digamos ya de ideas?
Una respuesta fácil sería la de cambiar drásticamente el medio en el que se mueven. Una nueva proteína en la sangre, una subida del pH o un repentino cambio político o tecnológico, y la infección desaparecerá sin tener tiempo de adaptarse.
El problema sería como el de aquellos que abandonan el tratamiento antes de que la infección desaparezca por completo. Unos pocos supervivientes empiezan a reproducirse exponencialmente de nuevo, esta vez habiendo desarrollado más resistencia y mejores defensas ante los argumentos o el pensamiento externo.
Por eso me parece que el cese definitivo de ETA es uno de estos casos donde la realidad se puede cambiar con el mero hecho de observarla o de opinar sobre ella. Si la sociedad (en su conjunto) piensa que ETA puede ponerse en activo de nuevo y se realizan acciones que lo demuestren, estaremos considerando que el medio en el que se mueven sigue siendo el mismo. Si pensamos que el medio ha cambiado, que ETA ya no tiene lugar, que está obsoleta y es cosa del pasado, entonces el cambio se mantendrá y las ideas no tendrán por dónde salir.
Tautológicamente hablando, lo que veamos como inevitable será lo inevitable.
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